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miércoles, febrero 28, 2007

Por aquí sigo

Sólo para que haya una entradita en el blog de febrero (porque ya se acaba el mes en unas horas).

Sí ha habido cosas para contar, pero poco tiempo para hacerlo.

A ver si mañana o pasado escribo con más calma.

Entre las cosas de este mes que quería contar y no pude (bueno, de las que me acuerdo):

-Cada vez me gusta más Polka Madre
-Leo un libro sobre Teoría de Elección Racional (y hasta orita si le entiendo)
-Sigo escribiendo notitas financieras underground
-El viaje a Rusia (que sí, que no, que quién sabe, se me hace que ya no)
-Me compré una camarita (por aquello de la gira artística, al parecer malograda)
-Abrí una paginita de esas de fotitos (así que pasen a saludar: http://www.fotolog.com/carlosoramirez/)

Ya. Que no se diga que en febrero no me reporté

miércoles, abril 12, 2006

Otro Foco Rojo Somos Nosotros, Los Locos Flojos

En el desierto en que trabajo, es gratificante cuando alguien habla de algo interesante. No sucede mucho, pero a veces pasa. Esta semana, alguien mencionó a Óscar de la Borbolla y creí haber escuchado mal, pero no, el autor de "Las Vocales Malditas" es conocido también por gente ajena a las clases de Literatura y Filosofía. Qué bueno.

Por lo pronto, oir el nombre de este escritor, me recordó su cuento de las oes:

–––––––––––––
Los Locos Somos Otro Cosmos

Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: “No doctor, no… loco no…”

Sor Socorro lo frotó con yodo: “Pon flojos los codos -rogó-, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros”. Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shokcs con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono.

Rodolfo oró, lloró con dolor: “No doctor Otto, shokcs no…”. Sor Socorro con monótono rostro colocó los pomos: ocho con formol, dos con bromo, otros con cloro. Rodolfo los nombró “doctos”, “colosos”, con dolorosos tonos los honró. Como no los colmó, los provocó: “Son sólo orcos, zorros, lobos. ¡Monos roñosos!”

Sor Flor, con frondoso dorso, lo tomó por los hombros; Sor Socorro lo coronó como robot con hosco gorro con plomos.

Rodolfo con fogoso horror dobló los codos, forzó todos los poros, chocó con los pomos, los volcó; soltó tosco trompón, Sor Socorro rodó como tronco.

“¡Pronto, doctor Otto! -convocó Sor Flor- ¡Pronto con cloroformo! ¡Yo lo cojo…!”

Rodolfo, lloroso con mocos, los confrontó como toro bronco; tomó rojo pomo, gordo como porrón. Sor Flor sonó como gong, rodó como trompo, zozobró.

Otto, solo con Rodolfo, rogó como follón, rogó con dolo: “Rodolfo…don Rodolfo, yo lo conozco…como doctor no gozo con los shocks; son lo forzoso. Los propongo con hondo dolor…Yo lloro por todos los locos, con shocks los compongo…”

-No, doctor. No -sopló ronco Rodolfo-. Los shocks no son modos. Los locos no somos pollos. Los shocks son como hornos, son potros con motor, sonoros como coros o como cornos… No, doctor Otto, los shocks no son forzosos, son solo poco costosos, son lo cómodo, lo no moroso, lo pronto… Doctor, los locos somos sólo otro cosmos, con otros otoños, con otro sol. No somos lo morboso; sólo somos otros. Lo otro, lo no ortodoxo. Otro horóscopo nos tocó, otro polvo nos formó los ojos, como formó los olmos o los osos o los chopos o los hongos. Todos somos colonos, sólo colonos.

Nosotros somos los locos, otros son loros, otros topos o zoólogos o, como vosotros, ontólogos. Yo no los compongo con shocks, no los troncho, no los rompo, no los normo…

Rodolfo monologó con honroso modo: probó, comprobó, cómo los locos son otros.

Otto, sordo como todo ortodoxo, no lo oyó, lo tomó por tonto; trocó todos los pros, los borró; sólo lo soportó por follón, obró con dolo, Rodolfo no lo notó. Otto rondó los pomos, tomó dos con cloroformo, como molotovs los botó. Rodolfo con los ojos rotos mostró los rojos hombros; notó poco dolor, borrosos los contornos, gordos los codos; flotó. Con horroroso torzón rodó con hondo sopor.

Rodolfo soñó, soñó con rocs, con blondos gnomos, con pomposos tronos, con pozos con oro, con foros boscosos con olorosos lotos. Todo lo tocó: los olmos con cocos, los conos con oporto rojo, los bongós con tonos como Fox Trot.

Otto lo forró con tosco cordón, lo sofocó. Rodolfo sólo roncó. Sor Socorro tornó con poco color. Sor Flor con bochorno tomó ron: “Oh, doctor -lloró-, oh, oh, nos dobló con sonoro trompón”. Otto contó cómo lo controló.

-Otto, pospón los shocks -rogó Sor Socorro.

-No, no los pospongo. Loco o no yo lo jodo. No soporto los rollos… Pronto, ponlo con gorro.

-¿Cómo, doctor -notó Sor Flor-, ocho volts?

No, no sólo ocho. ¡Todos los volts !Yo no sólo drogo, yo domo… Lo domo o lo corrompo como bonzo.

-¡Oh no, doctor Otto!, como bonzo no.

-¡Cómo no, Sor Socorro! Nosotros no somos tórtolos o mocosos; somos los doctos… ¡Ojo, sor Socorro! No soporto los complots…

Otto con morbo soltó todos los volts, los prolongó con gozo. Sor Socorro con sonrojo sollozó. Sor Flor oró por Rodolfo. Rodolfo roló como mono, tronó como mosco.

Otto lo nombró: “Don gorgojo”, “loco roñoso”, “golfo”. Rodolfo zozobró con sonso momo. Otto cortó los shocks.

Óscar de la Borbolla

viernes, febrero 11, 2005

El Trabajo Cavernícola

Mi trabajo actual es un trabajo cavernícola; lo es porque cualquiera lo podría hacer y porque yo que sé hacer más cosas y mejores no puedo hacerlas. Lo es también porque priva la fuerza bruta, no hay argumentos o razones que valgan para hacer mejor las cosas, sólo domina el puesto, la jerarquía, la premura del dato fácil.

Se trabaja torpemente en este lugar, con tropiezos y raspaduras, con golpes bajos y estocadas de alto nivel. Uno debe hacer lo posible por hacer las cosas lo menos mediocre que se pueda, a pesar de los compañeros y los jefes, a costa del sueño, los amigos y las comidas.

Es mi era cuaternaria. Nunca tuve una, así que probablemente debía tenerla; pero me urge regresar a la civilización o seré también un troglodita.

viernes, agosto 27, 2004

2004, el año desierto

Comienzo este registro cotidiano reconociendo que este año es un desierto, no sé si un desierto de arena o un desierto de nieve, pero en definitiva no hay vida a mi alrededor.

Sin tiempo para mi, ni para mis amigos, sólo me queda llegar al fin de este recorrido que tanto prometí­a y que en tan poco se realizó.

En 2005 confí­o en tener más cosas que contar.

Carlos en el desierto.