¡Qué cosas hermano, que tiene la vida!... a contar los días para estar con la Gata Varela. Y mientras tanto: "ya ves, el día no amanece, Polaco Goyeneche, cantame un tango más"...
Nunca he llevado un diario y además soy bastante desorganizado e indisciplinado... pero de todas formas me reportaré por aquí de vez en cuando.
viernes, marzo 23, 2012
Porque el tango no se canta, porque al tango se lo dice
¡Qué cosas hermano, que tiene la vida!... a contar los días para estar con la Gata Varela. Y mientras tanto: "ya ves, el día no amanece, Polaco Goyeneche, cantame un tango más"...
lunes, mayo 21, 2007
Mi Crónica del Vive Latino 2007
Los Preparativos
Compré mis boletos como un mes antes, dos para mi (sábado y domingo) y dos más por si acaso. Nunca falta con quién ir o alguien que no alcanzó boleto, y si no pues me llevaba a mi hermana, que desde hace muchos años es la encargada de llevarme a casa si termino muy lastimado, jeje.
El segundo preparativo era mi playera de Flavio, la compré el año pasado que tocó medio de sorpresa en el Multiforo Alicia, ese lugar que qué bueno que todavía existe, al que empecé a ir cuando salía de la Prepa y entraba a la Fac, donde tocaba Panteón Rococó sus rolitas demo.
El Vive que ya no es, pero que sigue siendo
Según el programa, el evento empezaba a las 12:45, lo cual quería decir que tenía que llegar al menos una hora antes, más o menos lo que tarda uno de la salida del metro Ciudad Deportiva hasta el Escenario Rojo (principal).
Esta vez mis amigos de siempre no fueron, porque el Vive ya es caro para muchos y porque los grupos que tocan son más comerciales, algunos todavía de rock, pero de esos que ya se les escucha en estaciones pop.
Antes el Vive era más experimental (y también más de ese rock-que-no-es-tan-pop), con sus pros y contras: no se reunían 60 mil personas y la organización era pésima (mal sonido, poco coordinados los tiempos para los músicos, poca y mala comida a la venta, seguridad insuficiente), pero en cambio veías en escenarios más grandes a aquellos que sólo encuentras en lugares pequeños, donde los espectadores se cuentan por decenas, no por miles.
Y en los primeros Vives veías grupos que sólo conocías por una o dos canciones, grupos de España, de Argentina, de Chile. O locales, de esa que se llamó la avanzada regia, por ejemplo. Entonces ibas porque los podías conocer mejor y escuchabas propuestas nuevas o no muy difundidas, además de unos cuantos de los grandes. Ahora el grueso de la gente va por los grandes (que ni tanto) y así como no queriendo están los escenarios chicos o los horarios iniciales para las propuestas nuevas o diferentes.
El rock no tiene la culpa
En mi opinión el Vive es la oficialización-domesticación de los casi espontáneos y autosuficientes conciertos masivos que proliferaron en México en la década de los 90. Es un festival de música, de rock y lo que se cuele, pero que venda al menos sus 40-50 mil entradas.
Y creo que en las últimas dos ediciones hubo muchas ausencias, casi casi diría grupos vetados o hasta géneros vetados. No me consta, pero lo supongo. Creo que por esa razón ya no han estado grupos como Guillotina o Panteón Rococó, entre muchos, muchos otros. “Si no tienen disco nuevo no los podemos invitar”, he llegado a escuchar, lo cual yo traduzco en “si no tienen disquera grande que les produzca, no van (porque esas disqueras quieren a los suyos y no quieren a los que no lo son)”.
Pero por otra parte, creo que lo todavía rescatable es la llegada internacional. Porque a esos grupos no se les puede ver tan a menudo; por ellos yo creo que vale la pena seguir yendo, y por las sorpresas, los reencuentros, los palomazos, las versiones cover-homenaje a los ausentes.
Y también por el rock, porque el rock no tiene la culpa. Zoé no tiene la culpa, ni Fobia, ni Cerati, ni El Tri. Sólo que, digo yo, ellos cualquier semana tocan en el Metropolitan o en el Palacio de los Deportes al precio que quieran. Hay otros que no. Y eso tenía el Vive. Por eso Jumbo o Zoé tocaron en sus respectivos inicios ahí. En las condiciones de hoy pudieron no haber estado. Digo, eso pienso.
Bueno, esa fue mi reflexión personal que no espero que compartan todos. Ya enseguida mi reseña del concierto, de lo poco que me tocó ver por esa maldita desdicha de no ser ubicuo y multiplicarme en los tres escenarios al mismo tiempo.
Réplica
Réplica es el grupo que abrió el Escenario Azul (mediano). El vocalista es Erich Martino, locutor de Reactor, sólo fui a tomar una foto y escuchar una rola, a ver si me convencían. Y sí, pero tampoco tanto. Me recuerdan a Depeche, que me gustaba, pero antes y de a poquito. Pero los oiré más, lo prometo.
Sr Bikini
Luego luego me regresé al Escenario Rojo (grande), abría el Sr Bikini. Surf movidito. Se puso bueno el baile, hacia calor y me quité la playera y en eso tocaron “Fuera ropa” y pues se puso muy chido la verdad. A ellos son de los que se les ve seguido en el Alicia. Y me gustan porque me gusta el surf. Cuando tengo insomnio me la paso oyendo surf, punk y ska toda la noche. Y claro que pongo rolitas del Sr Bikini.
Veo Muertos
En el Escenario Verde (chico), el segundo grupo fue Veo Muertos. A ellos sí quería verlos, me gustan harto. Resulta que en el radio había oído varias rolitas de ellos. Un día puse atención para saber quiénes cantaban “Mi hermana golpea a mi madre” y eran ellos. Los busqué en internet y supe que eran los mismos de “Calladitos”, “A mi me gustan los hombres” y “Chica de Pelos” que también me gustaban. Obvio cantaron todas esas. Y lo mejor fue cuando subieron a dos chavas que se levantaron las playeras [y lo todavía más mejor es que tengo fotos, jaja].
Tanke
Luego de Veo Muertos, siguió Tanke. Los presentó El Golfo, también locutor de Reactor [muy muy culto, en lo que toca a música al menos], a quien luego se le ve comiendo ensaladas en Coyoacán (bueno, yo lo he visto). De Tanke nomás me gustaba una rolita, “Simbiosis”. Y creo que me sigue gustando nomás esa rolita, jaja, pero también seguiré oyendo más de ellos.
Cuarteto de Nos
Fui al Escenario Azul de nuevo. Tocaba El Cuarteto de Nos. ¡Qué súper sorpresa, la verdad! Ya había oído su conocida “Yendo a la casa de Damián”, de frases así como muy obvias. A muchos no les gustan. A mi sí, más por el acentito “uruguasho”. Pero verlos en vivo y escuchar sus otras canciones fue excelente. Ahora me gustan también sus otras rolitas: “Ya no sé qué hacer conmigo” y “Pobre papá”. Y por la tarde me los encontré ahí paseando y me tomé foto con ellos. Qué chido.
Los Concorde
A Los Concorde no los pensaba ver, porque no sabía quiénes eran. De hecho los vi por casualidad, después de darme una vuelta rápida por los tres escenarios. Lo que me llamó la atención es ver a Jonás, de Plastilina Mosh, a quien una noche antes encontré caminando por la colonia Roma y por eso lo reconocí de lejos en el Vive. Pensé que estaba en palomazo con alguien, pero no; de hecho nomás oí la última rolita y vi también a Leonardo de Fobia ahí arriba. Ya después (apenas hace unos días) me enteré que ellos son Los Concorde [Mauricio Clavería (La Ley), Leonardo de Lozanne (Fobia), Poncho Toledo (La Lupita) y Jonás (Plastilina Mosh), acompañados de Atto (Atto & The Majestics )] y que era su primera presentación oficial. No puedo decir si me gustaron o no. A ver luego. [Oigan su rolita “Rompecabezas”, suena bien].
La Tremenda Korte
A La Tremenda Korte los quería ver por tres razones. La primera es que me gustan, también los conozco de los conciertos masivos en CU de la época más zapatista y estuve cuando presentaron su primer disco en el Salón Los Ángeles, allá por Tlatelolco y la Guerrero. La segunda razón es porque fue de lo poco de ska que hubo en el Vive. Y la tercera porque tocaría con ellos Marina de Ita, de Polka Madre, grupo gitano-comodeeuropadeleste-y-casipunk-odigamoscomoiggypop [imagínense a Goran Bregovic o la No Smoking Orchestra pero en versión “pa' pasar el rato porque ellos nunca vienen”] que ojalá un día toquen en un Vive Latino, porque son la neta. Y ya ahí dos sorpresas más: primero salió el Capi, ex de Los Estrambóticos y cantó “La cerveza y el dolor” y luego Flavio Cianciarulo, ex Fabulosos Cádillacs, que no me acuerdo cuál tocó, porque en sus tantas apariciones cantó al menos ocho canciones de su exbanda que tantos y tantos queremos volver a ver.
Flavio Mandinga Project
En el mismo Escenario Azul tocó Flavio. Muchos esperábamos que saliera de repente Vicentico, pero no. Lo más que pasó es que se acordó de él y le dedicó una canción de los Cadillacs, creo que Matador. Flavio fue también lo mejor del Vive [de hecho es lo mejor que queda de esa generación de los 80-90]. De él sólo puedo decir dos cosas más, que creo muchos podrán respaldar mejor que yo: es un “loco” generoso y un músico honesto. Si los Fabulosos siguen tan presentes yo creo que es por él, más que por Vicentico. Y Flavio siempre habla bien de sus excompañeros, hasta en sus nuevas canciones, como “1985”. De su generosidad qué más evidencia que el apoyo que le da a nuevas bandas, no sólo argentinas, sino mexicanas también. Y es que quiere tanto a nuestro país, que hasta su esposa es mexicana. Es un tipazo el Sr Flavio, qué lastima que no le conozca más, sería todo un honor. Además de las canciones “fabulosas” que todos se sabían, pero que tocó en su versión mandinga, cantó suyas “La Penita”, “Agujeros” y “Voy en llamas” y le acompañaba, como en su última visita, Matías Brunel, de Papas Ni Pidamos, a quienes también ojalá un día los veamos en un Vive Latino, o en el Alicia, de menos.
El Tri
Terminando Flavio estuve paseando por la zona de disqueras y puestos del Chopo y luego regresé al Escenario Rojo. Estaba El Tri. Nomás los vi de lejos, ya estaban terminando de hecho, pero alcancé a oir “Las piedras rodantes”, tomé una foto y regresé a los otros escenarios a ver qué había.
Gustavo Cerati
Una hora después, de nuevo en el escenario principal, alcancé a ver a Gustavo Cerati. Llenísimo el Foro Sol a esa hora, ya oscureciendo, pasadas las 8 de la noche. Quise ir hasta adelante a tomar fotos, pero no se podía, así que mejor me salí. Por ahí andaba a esa hora el Sr González, que tocó con Monocordio un par de horas antes, a quienes desafortunadamente no alcancé a ver. El Sr González [ex Botellita de Jerez, pero mucho más que eso, como tantos músicos saben], también roquero honesto como el que más y muy muy generoso, abrió su mochila y me regaló el disco de su más reciente proyecto, “El Grao”. Ya tenía sus rolitas, porque también las regala por internet, pero qué chido tener el disco de sus propias manos.
Transmetal
Ya en las últimas horas del sábado, pasé al Escenario Verde. Alcancé a ver por unos minutos a Transmetal, banda mexicana que pues obvio toca metal y que qué bueno que estuvo en el Vive, aunque no los oigo mucho ni nunca los veo en vivo.
Rata Blanca
Y es que fui a ese escenario porque quería ver a Rata Blanca, dobles sobrevivientes por ser un grupo de tantos años de trayectoria y por ser metaleros en una época donde ese género no tiene tanta difusión. Muy bien por los greñudos argentinos y muy bien también por el público que los fue a ver, que eso tienen los metaleros: no son muchos, pero siempre están presentes con sus bandas; si ese mismo día hubieran tocado en otro lado de la ciudad los habrían ido a ver hasta allá, en vez de ir al Vive. Dicho de otro modo, los que estaban ahí no fueron al Vive, fueron a ver a Rata Blanca.
Desorden Público
No me pude quedar al cierre de Rata Blanca en el Escenario Verde, porque pronto empezaría en el Rojo el Desorden Público. Siempre es un conciertazo el que dan estos venezolanos y no fue la excepción esta vez. Aunque ya mucha gente se iba del Foro Sol a esa hora [casi las 10 de la noche], otro tanto se quedó a escuchar el “Allá cayó, allá cayó allá cayó allá cayó”, “Canto popular de la vida y muerte”, “Latex, a pesar del latex” o el “Cyber revolucionario” y a ver sus mensajes de “Paz” y “No más guerra” proyectados al fondo del escenario. También ellos invitaron a Flavio a cantar y los pocos-pero-todavía-muchos que quedábamos nos volvimos a prender con “Mal bicho”. Buen cierre del primer día de Vive Latino mexicano, octava edición.
La Salida
El domingo, ya pasada la una de la mañana, llegué a mi casa, caminando. No fui el único, claro; de hecho, muy cerca de mi casa, vi a tres o cuatro chavos buscando un hotel dónde pasar la noche, supongo que venían de muy lejos, quizá ni eran del DF. Así pasa siempre en el Vive, no hay manera de encontrar transporte público y menos barato. Del Foro Sol a mi casa son como 5 minutos en coche, unos 6-7 kilómetros aproximadamente. En taxi, un día normal, me cobran 30 pesos (3 dólares), pero ese día el único que encontré libre quería 300 pesos (30 dólares). Y pues no.
Jessy Bulbo
El segundo día de Vive Latino lo abrió Jessy Bulbo, en el Escenario Azul. Llegué casi al final, pero sí alcancé a tomar unas fotitos y cantar “Maldito”, “Mala respuesta” y “El sexo sin amor”. Me cuesta trabajo verla sin las Ultrasónicas, pero ya menos. También me gusta lo que toca ahora, igual muy de garage. Por la tarde también me pude tomar una fotito con ella. Qué bien que le vaya bien, cada vez más, porque sí se la ha rifado estos años.
Fenómeno Fuzz
Los Fenómeno Fuzz abrían por su parte el Escenario Rojo, a la 1 de la tarde. Surf de mascaritas, con bailes de piernas, brazos y manos aleteantes. Muy tribal el ambiente: le bailas, le empujas, le saltas encima a los de adelante, le ayudas a pararse a los que caen, te ayudan a ti, pero igual te golpean y te caen encima; le corres con todos juntos hacia delante, hacia atrás, en licuadora. Y le cantas: “Yo quiero ser un beach boy”.
San Pascualito Rey
A los terceros que vi el domingo fue a San Pascualito Rey, en el Escenario Azul. Me pasa con ellos que su música me gusta, pero si los oigo mucho me deprimo. Por eso no he comprado música de ellos, pero la verdad que sí son muy buenos. Y para variar, le pidieron palomazo también a Flavio Cianciarulo y tocaron con él “Vasos vacíos”, versión-muy-sufrida-sanpascualita. Y bueno, así en vivo, ni tan triste el asunto, me gustaron tanto que ahora sí me animé a añadirlos a mi myspace. “Lo siento soy yo, lo siento soy yo, hoy no es mi día”; “Esto es morir, sólo un poco, cerrar los ojos y aventarte lejos, esto es morir”. ¡Ay, cómo sufro, maldito yo, de veras!
Jumbo
Durante mucho tiempo Jumbo fue uno de mis grupos favoritos, desde el “Restaurant”. Combinaban canciones muy roqueras, como “Monotransistor” o más adelante “Motocicleta”, con las casi nostálgicas pero también roqueras y de muy buena letra “Fotografía”, “Aquí” o “Siento Qué”. Y sus presentaciones en vivo siempre fueron memorables, con los vuelos de Eddy hacia el público y Castillo contando minianécdotas entre canción y canción. Pero el grupo se separó. Jumbo sigue, pero en lo personal yo sí creo que no es igual. De todas formas los fui a ver al Escenario Rojo, a recordar esos primeros toquines donde éramos unos cuantos cantando “Explosión” o “Automático”, lo mismo que “Hoy” o “Cada vez que me voy”.
Chetes
Después de Jumbo siguió Chetes en el mismo escenario. Sí me laten sus rolas, pero igual prefería mucho más a Zurdok, y más todavía al inicial Zurdok Movimento. El “Gallito Inglés” o “Platique con mi pistola” eran de lo que más me gustaba en esa época donde casi todos los grupos que oía resultaban ser de Monterrey. Y lo nuevo de Chetes como que nada qué ver. Buenas canciones, sí, pero como si fueran de otra persona y no de quien gritara a todo pulmón “vamos a platicar, si usted tiene algún problema, platique con mi pistola”.
Bengala
Luego de andar un rato por los stands, regresé al Escenario Azul. Quería ver al Sargento García, pero ya no los alcancé. Seguía Bengala y luego los Liquits. De Bengala no había oído más que una o dos canciones y me quedé por ver qué tal, pero también por alcanzar lugar hasta adelante, con los Liquits. Lo sobresaliente aquí fue que por ahí en la carpa de músicos se alcanzaba a ver a Meme, de Café Tacvba, viéndolos. Y ya.
Liquits
Para cuando empezó Liquits ya estaba instalado hasta adelante. No los había visto en vivo, aunque me gustaban sus canciones desde que los oí con Kurasaibo en la película “Todo el poder”. También me gustan bastante y los quería ver en este Vive; más por su más reciente sencillo, “Te comes lo que dices”, que es del tipo de música que me gusta: fuerte, roquera, medio agresiva, como desparpajada y rara. Siempre me ha gustado la música rara, bien diferenciada de las demás. “Mi patito de hule” o “Chicharos Mágicos” serán lo que sean pero no son como cualquier otra canción que se escuche en la radio. La verdad.
Ely Guerra
Mientras, en el Escenario Rojo, empezaba la muy querida siempre Ely Guerra. No me tocó verlo, pero luego me enteré que en cierto momento todos sus músicos se rompieron la ropa, a la altura del pecho, como en solidaridad por ese otro Vive Latino donde por descuido dejó al descubierto uno de sus senos por muchos-varios-pero-tan-breves segundos y siguió tocando. A Ely una vez la vi en el cine, en la última función con casi nada de gente, allá por Gran Sur y sí es muy guapa, ciertamente. Esta vez la anécdota fue que rompió la guitarra como cierre de su participación. Y todos aplaudieron y gritaron. Y todos aplaudimos y gritamos. No necesita de sensuales accidentes para llamar la atención y llenar el escenario principal del Vive Latino. La fuimos a ver porque sabe estar a la altura de ese evento. Y por eso se le respeta. Y se le quiere por eso.
Volován
Después de Ely seguía Kinky pero aún tenía unos 20 minutos para ir a ver a Lucybell en el Escenario Azul o a Volován en el Verde. Me gusta más Lucybell, pero seguro estaba llenísimo y además hubiera tardado más en regresar al Rojo, así que fui con Volován. Oí tres o cuatro canciones, las que me sabía, tomé unas fotos igual que con cada grupo que veía y me regresé al escenario principal, de donde ya no me moví.
Kinky
Kinky tampoco es que me guste mucho, pero quería alcanzar buen lugar hasta adelante, para ver a Zoé, Café Tacvba y Los Amigos Invisibles, que cerrarían todo el festival. Quería ver también a las bandas de los otros escenarios, pero fue imposible. Allá adelante, con miles de personas empujándome y una valla de metal enfrente como contención, era imposible moverse. Sólo salían los desmayados, algunos niños, mujeres casi asfixiadas y los voladores que pasaban encima. Además, me costó tanto llegar hasta ese lugar, que mejor no me moví. Total, se podían tomar buenas fotos desde ahí. En un Vive anterior vi a Kinky, sólo que en el escenario más pequeño. De lo que recuerdo es que había de público muchas chavitas así bien bonitas y dos o tres de ellas, en diferentes lugares, se levantaron la blusa y se quitaron el sostén para aventárselos, pero esta vez no vi nada de eso. De verás que el Vive es cada vez más fresa; de qué sirve que vayan más güeritas, si son de las que quieren sus conciertos tipo Auditorio Nacional, bien espaciaditos y ordenados.
Zoé
Y tanta gente ahí empujando, tantas chavitas fresas queriendo estar hasta adelante, en realidad lo que querían era ver a Zoé. Qué cosas, de verdad; esas mismas canciones que unos años antes escuché me parece que en el Circo Volador, con bien poquita gente, ahora ponen a medio Foro Sol concentrado en corear “En tu planeta me quedé... pero mi nave se averió... love, love, love” y en prender las luces de teléfonos celulares, luces blancas y azules, tan vistosas en esa última noche de Vive Latino mexicano.
Café Tacvba
Terminó Zoé y las chavitas esas fresas se fueron. Y llegó Café Tacvba, los mismos que en otro Vive Latino regresaban después de cierta pausa musical, los mismos que cubrieron tantas ausencias de esa edición pasada dedicando varios minutos a un collage de covers. Café Tacvba le debe tanto al Vive Latino como el Vive Latino le debe a Café Tacvba. No es que se necesiten el uno al otro, pero juntos son memorables. Y volvió a pasar en este octavo festival de rock hispano. Qué show, qué luces de colores, qué canciones de ese lado del escenario; qué coros, qué bailes, que sincronizada memoria colectiva de este lado del público: “Eres, lo que más quiero en este mundo, eso eres”. Y para continuar con las apariciones, sale de nuevo León, de Zoé, y toca con ellos. Porque eso también es el Vive Latino: músicos que se suman a los músicos. “Nos toca a nosotros, pero sería chido si te tocas una rolita con nosotros” o “les toca a ustedes, pero déjenme acompañarlos en esa rolita”. Y por eso vale la pena ir al Vive, por la convivencia de los dos lados, de los múltiples lados. Un subgénero de rock seguido de otro subgénero de rock, un grupo sudamericano enseguida de otro mexicano, una canción que todo mundo se sabe seguida de otra que apenas se presenta en público y que ni siquiera tiene nombre todavía, un grupo de músicos cuarentones, de esos que empezaron en el LUCC [“La Última Carcajada de la Cumbancha”], o todavía antes [Avándaro, por ejemplo], seguido del nuevo grupo que apenas va a grabar sus primeras canciones. Así es con Café Tacvba, que captan perfecto la esencia del Vive Latino: tocar como una forma de compartir.
Los Amigos Invisibles
En cierta forma el Vive se cerró con Café Tacvba. Terminaron y la mayoría de la gente se fue. Ya pasaban de las 10 de la noche y la jornada había sido intensa; más para los que era su segundo día de rock, como en mi caso, acumulando en dos días más de 24 horas de música y baile Pero aún faltaba el cierre oficial. Ahora sí la última banda de la noche, del festival anual. Los Amigos Invisibles salieron y luego luego nos pusieron a movernos otra vez. Y más cuando sale Rubénalbarrán-G3-Gallogaz-Ñru-Anónimo-Sizu y canta con ellos. Y casi enseguida la chiquita Natalia Lafourcade, que sabe lo difícil que es estar frente a ese público que así como le baila y le canta a tus canciones, te puede aventar botellas o cartones, chiflarte, insultarte y al final bajarte sin terminar de cantar. Pero esta vez eso no le pasó. La vimos muy atentos bailar de trenecito el Cuchi Cuchi, con esos amigos más visibles, que al terminar de cantar terminaban también por este año la celebración anual del rock en México. Ya podíamos ir a descansar. La ruidosa misa había terminado.
Los que no vi
Y me quedé con ganas de ver a tantos más. El sábado no pude ver ni a División Minúscula, ni a Fobia, ni a Six Million Dollar Weirdo. Tampoco a Gondwana, Pastilla [a ellos sí los alcancé a oir desde lejos, pero no los vi bien], Los Odio, Devendra Banhart, Monocordio o el Columpio Asesino. Y del domingo no vi a los Magic Numbers, que dicen que tocan chido, pero más lamentable fue no ver a La Gusana Ciega, Cuca, The Locos o Los Piojos. Ni modos.
Eso fue todo, para que los que no fueron se den una idea de lo que hubo y para que quienes sí fueron lo recréen de nuevo. He buscado en internet qué se dijo del Vive y no encontré una buena reseña, por eso ésta que es la mía y qué me consta en cada detalle. Si alguien lo leyó completo, gracias. Y si alguien me deja comentarios más gracias. También si quieren vean las fotos. Tomé muchas, más de 500, pero he subido las más representativas, que son poco más de 100. A ver qué les parecen.
Vale.
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martes, mayo 01, 2007
Camaleón Porteño
“El Bochinche” era un bar de Buenos Aires. A los bares allá les dicen boliches y era entonces un boliche porteño. Iban chicas lindas, como Leonor, flaquitas. Pero también gaznápiros como Carlos, un pibe camaleón más que un tío decente. Engañaba a las personas y la engañó a ella. Ahí, en “El Bochinche”, la encontró sentada y sola –él mirándola desde el zaguán-. Le habló, pero más que hablarle la escuchó. Escuchar era lo que Leonor no había encontrado en un hombre y por eso cayó con facilidad. En realidad a él no le importaba nadita quién era ella o las historias tristes de su vida. Carlos lo que quería era desvestirla por la noche. Desabrocharle el vestido verde de botones. Con sólo escucharla lo logró.
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martes, abril 18, 2006
Quién Hubiera Dicho
1.- El año pasado, buscando canciones de Joaquín Sabina, encontré “Con La Frente Marchita”, del disco “Entre Todas Las Mujeres”, que supuestamente es un disco-homenaje que le hacen varias cantantes hispanoamericanas al trovador español.2.- Un par de meses después, el inesperado viaje a Buenos Aires, con la certeza de que las cosas que sabía de Argentina eran tan pocas que las podía contar con los dedos de la mano: Borges, Evita, Gardel, Maradona, Los Fabulosos Cadillacs, Fito Paez, el mate…

3.- La semana pasada, compré una película de Carlos Saura, “Tango”, misma que intenté ver en tres o cuatro ocasiones a las tres de la mañana, por aquello del insomnio, y que apenas ayer logré ver completa.
4.- De los varios intentos, se me quedó grabada la cancioncita del principio: “¡Qué cosas, hermano, que tiene la vida! (...) / Dos años enteros / la tuve a mi lado / y nunca, ni en sueños, / quererla pensé. / ¡Quien iba a decirme / que loco yo un día / la vida daría / por verla otra vez!...”.
5.- La canción es de Adriana Varela, “casualmente” la misma de “Con La Frente Marchita”, canción que después de mi regreso a México no dejaba de escuchar, porque la letra cobró sentido de inmediato: “«Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!» (...) / Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte, / pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata. (...) / Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear, / y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar / y me puse a gritar: «¿Dónde estás?»”
6.- En realidad hay muchas más coincidencias alrededor de Buenos Aires, la música, la literatura, los amigos, etc., pero esta última de las dos canciones es la más significativa. En verdad considero una “estupenda casualidad” haber conocido estas dos canciones sin haberlo pretendido y que las dos sean de la misma cantante argentina. A lo mejor exagero, pero hace unos meses ni idea tenía de que existían y la suerte las puso en mi camino. Estas cosas realmente me emocionan cuando suceden, porque hacen que me sienta privilegiado, me hacen pensar que el encuentro no fue tan casual aunque no pueda dejar de llamarlo así.A continuación transcribo la letra de las dos canciones:
Quién hubiera dicho
¡Qué cosas, hermano,

que tiene la vida!
Yo no la quería
cuando la encontré
hasta que una noche
me dijo, resuelta:
“Ya estoy muy cansada
de todo”, Y se fue.
¡Qué cosas, hermano,
que tiene la vida!
Desde ese momento
la empecé a querer.
¡Cuántos sacrificios
hice pa' olvidarla!
¡En cuántos fandangos
mi vida perdí!
¡Quien hubiera dicho
que por su cariño
diera tantos tumbos
como los que di!
He tirao la vida
por los cafetines
pa' mostrarle a todos
que ya la olvidé,
pero todo es de grupo
y al quedarme a solas
he llorao, hermano,
como una mujer.
Dos años enteros
la tuve a mi lado
y nunca, ni en sueños,
quererla pensé.
¡Quien iba a decirme
que loco yo un día
la vida daría
por verla otra vez!...
¡Qué cosas, hermano,
que tiene la vida...
¡Desde aquella noche
la empecé a querer!
Tango de Adriana Varela
Con La Frente Marchita
Sentados en corro merendábamos besos y porros
Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.

Te morías por volver "Con la frente marchita" cantaba Gardel
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud.
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.
Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.
Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte,
pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata.
Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta.
Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.
"Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!"-
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...
Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte
monigotes de miga de pan, caballitos de lata
Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte,
pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata.
Aquellas banderas de la patria de la primavera,
a decirme que existe el olvido, esta noche han venido.
Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del "Che".
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear,
y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar
y me puse a gritar: "¿Dónde estás?"
Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte
corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo:
"No consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el Río de La Plata"
Canción de Joaquín Sabina
lunes, marzo 06, 2006
Yo Nunca Llevo La Contraria
“Nunca es tarde para leer un libro”. Eso no es cierto. O no lo es siempre o no lo es del todo, por lo menos.De Regreso en la Feria
Ayer fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería. Hace por lo menos cinco años que no me paraba por ahí, porque a menudo es más barato comprar libros de rebaja en una librería, que comprarlos en una feria. Llegué a comprobar que un libro del Fondo de Cultura Económica o de la misma UNAM estaba más caro en la feria que en alguna sucursal de esas librerías, además de que en ellas se podía obtener algún descuento con credencial de estudiante.
En fin, no quisiera denostar a la Feria, pero esa fue una de las razones por las que dejé de comprar en ella y después de ir. Claro, había muchas otras ventajas, como encontrar títulos difíciles de conseguir, ediciones extranjeras o de otros estados de la República, con suerte esos sí con alguna rebaja. También, claro, las conferencias, encontrar a escritores husmeando entre los stands, etcétera.
En el 92 o 93, no recuerdo exactamente, Edmundo Valadés esperaba afuera de la Excapilla, donde daría una conferencia. Fue hacía una máquina de refrescos, pero no llevaba cambio. Yo estaba a su lado, saqué unas monedas y le pregunté qué refresco quería. Luego, nos quedamos platicando como media hora, empezó la conferencia y al final no me pude despedir de él, porque lo abrumaron pidiéndole autógrafos.
También me tocó ver –y escuchar– a Eliseo Diego, días antes de su muerte. “Les dejo el tiempo, todo el tiempo”, dijo en esa ocasión y a los pocos días moría antes de regresar a Cuba.
Ayer también, en las pocas horas que estuve, vi pasar a Eraclio Zepeda y Elva Macías; Ignacio Trejo Fuentes parecía esperar a alguien frente a la editorial Océano –en realidad me pareció como si quisiera que alguien lo reconociera y le preguntara “¿es usted escritor, verdad?”, pero me niego a pensar cosa parecida, aunque hace más de diez años que no sabía de él; quizá ya se sienta famoso (o quizá ya lo sea y en mi ignorancia yo no me haya dado cuenta)–.
Bolaño, Por FinSiempre quise leer a Roberto Bolaño. Digo, «siempre» después de que supe de él, porque por supuesto no lo conocía hasta que murió, lo cual no es un orgullo, pero es la verdad. Teresa, mi compañera reportera –a quién tanto extraño–, leía todas las mañanas todos los periódicos y un día me preguntó si lo conocía. Obvio dije que no, ni idea de quién era. Se encargó de decírmelo: uno de los más importantes escritores latinoamericanos, que vivió en México hacía 20 años antes y que aparentemente siempre se mantuvo fuera de grupos y corrientes literarias.
Los días y semanas siguientes fueron saliendo más y más datos de Bolaño en periódicos y revistas. Ahora resultaba que tenía muchos amigos y que efectivamente apenas empezaba a conocerse o a reconocerse su talento.
Nunca lo leí. Bueno, llegué a leer fragmentos de cuentos y algunas entrevistas en internet. Lo que más me interesó fueron las entrevistas, su forma de responder; casi creía escuchar su voz, reconocer su acento sudamericano y distinguir las muecas de su rostro al responder con desparpajo y casi con desdén, pero divertido, las preguntas de sus entrevistadores.
“Bolaño”, caray, nunca había oído de él, pero estaba seguro que si lo hubiera hecho me hubiera propuesto y conseguido conocerlo, para confirmar si hablaba como yo lo imaginaba, si efectivamente parecía personaje de Woody Allen y si, como pensaba, se burlaba de todo y de todos, porque al final nada era importante. Un tipo así ¡claro que me hubiera gustado conocer!, de ser posible topármelo en una feria de libros e invitarle una coca cola, para hacer plática y ahora contar que lo conocí y no que apenas voy a leerlo.
Creí que era argentino, no chileno, como ahora leo en la contraportada del libro que, por fin, pude comprar ayer. Sus obras, en Anagrama, son carísimas, o así me lo parecían porque en realidad los libros en general ya son carísimo y los libros de Anagrama lo son un poco más. «2666», por ejemplo, cuesta más de 500 pesos.
En Buenos Aires pregunté por él –aún pensaba que era argentino–, en la librería Gandhi de la avenida Corrientes –que no es, pero sí es, como la Gandhi mexicana–. Hasta en Buenos Aires los libros son carísimos, al menos los extranjeros, y preferí traerme otros dos textos de Filosofía, más accesibles para mi presupuesto.
Ayer en la Feria me topé nuevamente con Bolaño, pero ahora sí no quise salir sin él. No podía regresar a la Feria de Minería después de tantos años y no comprar nada, y no podía ver un libro de Bolaño por fin a mi alcance y no llevarlo. De hecho, salí con dos: «Entre Paréntesis», que reúne textos dispersos entre 1998 y 2003 y «Para Roberto Bolaño», una especie de “oportuno” homenaje de Jorge Herralde, que da pistas biográficas sobre el escritor chileno.
No me alcanzó otra vez para traerme «2666», ni «Los Detectives Salvajes», supuestamente lo mejor que escribió, pero ya empecé a leer «Entre Paréntesis» y cada vez me arrepiento más de no haberlo leído ni conocido antes. Me hubiera divertido mucho haciéndole preguntas y recibiendo sus respuestas tan ingeniosas como inesperadas.
Bolaño De Oídas, De LeídasTranscribo enseguida algunas de sus respuestas a una entrevista para la revista «Playboy», aparentemente la última o una de las últimas que concedió, ya muy enfermo, pero aún con humor y desencanto frente a lo convencional:
“–¿Qué es la patria para usted?
–(…) algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mi y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.
(…)
–¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?
–Yo nunca llevo la contraria.
(…)
–(De conocerlo, ¿qué le hubiera dicho) a Vicente Huidobro?
–Huidobro me aburre un poco. (…) demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.
(…)
–¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que recibe por parte de sus enemigos?
–Muchísimas. Cada vez que leo que alguien habla mal de mi me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y le pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, por qué yo, por qué yo que ningún mal les he hecho.
(…)
–¿Ha robado algún libro que luego no le gustó?
–Nunca. Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito.
(…)
–¿Ha sufrido mucho por amor?
–La primera vez, mucho, después aprendí a tomarme las cosas con algo más de humor.
–¿Y por odio?
–Aunque suene un poco pretencioso, nunca he odiado a nadie. Al menos estoy seguro de ser incapaz de un odio sostenido. Y si el odio no es sostenido, no es odio, ¿no?
(…)
–¿Qué cosas lo han enojado?
–A estas alturas, enojarse es perder el tiempo.
(…)
–¿Qué cosas lo aburren?
–El discurso vacío de la izquierda. El discurso vacío de la derecha ya lo doy por sentado.
(…)
–¿No le sacaría páginas a «Los Detectives Salvajes»?
–No. Para sacarle páginas tendría que releerlo y eso mi religión me lo prohíbe.
(…)
–¿De quién (…) escucha consejos?
–Yo no escucho consejos de nadie, ni siquiera de mi médico. Yo doy consejos a diestra y siniestra, pero no escucho ninguno.
(…)
–¿El mundo tiene remedio?
–El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte.”
Fénix 36
miércoles, febrero 15, 2006
...Silencio
se llama Paula, tiene muchas fotos, es argentina, lee mucho, escribe casi a diario y... etc. etc. (los dos etcéteras incluyen musica, cine, literatura, filosofía y más cosas como de esas que me gustan a mi también)
jueves, diciembre 22, 2005
Tres Borges, Dos Poemas, Uno Apócrifo
Por supuesto, Borges es una de esas personas que hubiera deseado conocer o por lo menos ver pasar de lejos, como cuando solía llegar temprano a la Biblioteca México sólo para ver llegar a Jaime García Terrés y después leer alguno de sus poemas. Saber que acababa de pasar junto a mí resultaba emocionante, aunque nunca hubiese conversado con él.Borges el personaje es lo único que está a la mano: el mito del hombre inteligente, lector incansable a pesar de la ceguera, Borges el memorioso, el culto conversador tímido...
Al pensar en Borges recuerdo dos poemas suyos; mejor dicho, recuerdo haberlos leído y recuerdo de qué trataban, pero no el título o dónde encontrarlos de nuevo.
Busco en internet: “Borges+rosa”. El primer poema que recuerdo habla de una rosa. Es un poema “culto” o “racional” que sólo Borges pudo escribir. Descubro que existe un poema titulado “La Rosa” que no es el que buscaba. El que recuerdo resulta que se llama “El Golem” y así empieza:
El Golem
Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.
Supongo que tiene que ver con cuestiones de fenomenología y misticismo y ahora que lo releo completo entiendo que hay alguna conexión con “El Nombre de la Rosa” y, no sé por qué, me remite también a “Pi, El Orden Del Caos”, de Aronofsky, supongo que por el tema de los judíos. Ya averiguaré más de esto en otra ocasión.
El otro poema siempre me pareció curioso, porque no suena a Borges, pero saberlo de él parece más inquietante que si fuera de alguien más. Busco nuevamente: “Borges+si tuviera”. Tampoco recuerdo el título, pero habla acerca de lo que haría Borges viejo si volviera a vivir.
¡Qué cosas! Resulta que el tal poema efectivamente no está comprobado que sea de Borges. Encontré un buen ensayo al respecto: “Jorge Luis Borges, autor del poema 'Instantes'”. Por lo que entiendo, hay diversas inexactitudes, como el hecho de que en una entrevista es mencionado el poema, siendo que no tenía la edad que revela el texto en uno de sus últimos versos.
Es cierto que el poema pudo ser corregido y que a fin de cuentas en literatura no valen las verdades científicas ni las certezas históricas, pero además de esto y de algunas inconsistencias gramaticales del texto, impropias en Borges, lo más extraño es precisamente el tema del poema, hablar de una especie de arrepentimiento, de desear un Borges diferente, otro Borges, negar al personaje y al mito.
No obstante, estas características fueron las que me llevaron a recordar el poema, la carga moral surtió efecto, debo reconocerlo. He aquí el poema:
Instantes
Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
Si toda la poesía de Borges fuese filosofía, ese poema en cambio es hasta cierto punto moral –o antimoral–: “vivan como yo no viví” o “no vivan como yo viví”, parece decirnos este otro Borges; ni siquiera tiene nada que ver con su antipersonaje de “Borges y Yo”, que qué bueno, encontré también por casualidad, aunque no fuese un texto que buscara:
Borges y Yo
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren preservar su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
El poema apócrifo, según leo, apareció en la revista “Plural” en 1989 y además ha sido traducido y publicado en diferentes colecciones de poemas de Borges por investigadores especializados en su literatura. Como yo no sé mucho de literatura y además tampoco puedo decir quién sí lo escribió, seguiré pensando que ese poema es del mismo Borges. Total, para mí los dos o los tres son el mismo, ya que a ninguno conocí.
Y todo esto –Borges–, nomás porque la semana que entra conoceré su Buenos Aires. Estar allá será estar más cerca de Borges. Qué bueno.

