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miércoles, octubre 02, 2013

Elías Nandino no se olvida

Para Don Cellini,
que seguro lo apreciará,
aunque no nos conozcamos. 


Ya han pasado 20 años.
 
Un día (algunos meses antes) llegó a mi casa una revista vieja de teléfonos (Voces de México). La hojeé -yo siempre hojeaba todo-. En medio, había una enjuta sección de cultura, con unos cuantos fragmentos de un poema. Algunas semanas después, mi maestro de oratoria, en una de tantas pláticas después de la clase, mientras los demás jugaban basquet o futbol, mencionaba algo de un poeta, contemporáneo de Los Contemporáneos.
 
En mi vida suelen pasar cosas anodinas, pero sin las cuales no pasarían los más memorables momentos. Esos dos instantes, sin nada que ver entre ellos, son de los más representativos.
 
En esos meses de 1993 yo había dejado la secundaría, esa jungla desquiciante de la cual quién sabe cómo se sobrevive, pero que todos los días posteriores quisiera uno regresar a ella.
 
En la Biblioteca México, a las orillas de la Ciudadela, había puestos de libros viejos y revistas, y yo era "casi" cliente frecuente. Casi, porque siempre me paraba a husmear, incluso preguntaba precios, pero nunca tenía el dinero suficiente como para que los libreros y yo quedáramos satisfechos.
 
A veces, sólo a veces, podía llevarme una revista vieja. Hojeando una Macrópolis, salió una entrevista a Elías Nandino, como de un año antes. Las piezas se estaban uniendo, pero como siempre he sido despistado, seguía sin darme cuenta.
 
 
 
Luego ya caí en la cuenta que el apellido lo había oído antes. Claro, era el mismo que nos había platicado el maestro Jaime y, claro, era el mismo de esa revista usada que quién sabe cómo y quién sabe por qué llegó a mi casa, donde nadie más leía y donde ni teléfono había.
 
En la biblioteca busqué libros de Nandino, pero no había gran cosa. Uno encontraba a Og Mandino pero no a Elías Nandino; en la sección de Poesía, de la "M" uno pasaba directo a Neruda. Sin embargo, algo habré encontrado, porque a la siguiente clase le dije al maestro: "se acuerda del escritor que nos contó, pues en mi casa tenía una revisa vieja y en la revista vieja había un poema de él". Y pasó. Ya era una buena anécdota hasta ahí.
 
Pero luego de unos días más, semanas seguramente, mientras yo ya iba de salida -otra vez- de la Biblioteca México, curiosamente me encontré al maestro Jaime que iba tal vez hacia allá mismo.
 
Me dijo algo de que lo mandarían en unos días a Guadalajara a hacer un reportaje sobre las explosiones del año pasado. Tenía agendada una entrevista con el gobernador o algo parecido. Y así, como de pasada, salió algo de que Nandino vivía muy cerca de Guadalajara y que podría ir yo y pedirle una entrevista.
 
Los días siguientes los pasé esbozando preguntas. Para entonces, el tema Nandino ya no era nuevo, porque casualmente ya me había leído algunas otras entrevistas y al menos cuatro o cinco libros suyos, así que aunque nunca me había pasado por la cabeza la posibilidad de conocerlo y menos entrevistarlo, tampoco me había quedado sólo con su apellido infrecuente en la memoria.
 
 
 
En lo que no había reparado -nunca he sabido cómo hace uno para anticiparse a ese tipo de detalles-, es que a mis poco más de 15 años jamás había salido de casa, no tenía ni idea de dónde estaba Guadalajara y menos Cocula, y todavía menos sabía cómo iba a llegar con Elías Nandino y decirle "oiga, vine a entrevistarlo". Más aún, con qué dinero iba a pagar el traslado, el alojamiento, la comida.
 
Lo mínimo que debería haber hecho para esas horas era preparar una maleta y, supongo, avisar en casa. Pero no. Tenía más que listos unos libros y revistas, una pluma y varias hojas blancas con múltiples preguntas tachadas y numeradas. Y una mochila. Creo que era un miércoles por la noche cuando les dije a mis papás que al otro día, bien temprano, me iba a Guadalajara. Tres días. Más o menos. Y que si me daban algo de dinero, nada más para el pasaje.
 
Afortunadamente no había tiempo para pleitos, discusiones o mayores explicaciones, ya que no había hecho la maleta y de todas formas me iba a ir. Así que esa noche preparé ropa para tres días y nada más.
 
Llegué a Guadalajara por la tarde y ahí me esperaba el maestro Jaime. A él le pagaban el viaje en el periódico donde trabajaba y el hospedaje para ambos estaba apalabrado con el gobernador, oficialmente él era el reportero y yo el fotógrafo.
 
Al día siguiente, muy temprano, preguntamos cómo llegar a Cocula. Llegamos a Cocula y preguntamos cómo encontrar a Elías Nandino. Al principio nadie sabía, pero después de tres o cuatro personas alguien nos dijo que a unas cuadras estaba su casa. Llegamos, pero no era su casa; lo había sido cuando nació, pero ya no. Luego de preguntar otras más veces, nos dijeron que otras cuadras más para allá estaba una casa de cultura. Y fuimos.
 
En todos lados se llaman "casas de la cultura" o "casas del poeta", pero ahí era la "Casa de la Poesía". Tampoco era la casa de Nandino, resulta que unos años atrás la había donado al pueblo y él se había ido a terminar de vivir con una sobrina, varias, muchas calles más allá.
 
Pudimos tomar algunas fotos. Recuerdo un árbol de naranjas en medio del patio y en la parte alta una terraza desde donde se veían los tejados marrones de las casitas coculenses.
 
¿Y la casa de Nandino? "El doctor Nandino -nos dijeron-, esta muy grande (tenía 93 años) y ya no sale, pero si van a platicar con él le va a dar gusto". Nos llevó Jaime Hernández, exalumno suyo, que en ese entonces atendía la Casa de la Poesía.
 
Caminamos varias cuadras de banquetas estrechas y llegamos a una casita azul. Pasamos, preguntamos a la familia si podíamos hablar con el poeta. Le preguntaron y dijo que sí.
 
 
 
 
A gritos nos presentamos, saqué la grabadora prestada y empezamos a platicar. Nandino oía muy poco y se cansaba mucho. De tanto en tanto pedía que termináramos, pero unos segundos después se acordaba de algo, empezaba a hablar y la entrevista continuaba. Volvía a preguntarnos quiénes éramos y le volvíamos a decir. Así se nos fue la tarde.
 
Nos pidió finalmente que regresáramos al día siguiente. Estaba muy contento de recordar cosas y por lo visto algo dentro de su mente quería seguir recuperando nombres, lugares y fechas, aunque su cuerpo nonagenario se opusiera.
 
 
 
Mi maestro tenía también que regresar a trabajar. Yo ciertamente no, así que dije que volvería al día siguiente. Quién sabe cómo dimos después con un sobrino del poeta que tenía un hotel y que se ofreció a hospedarme por esa noche, para que no tuviera que regresar a Guadalajara y volver por la mañana. Y dije que sí. El maestro Jaime regresó a la ciudad, tenía que reportear. Yo me quedé a aprender qué cosa quería decir eso.
 
En los pueblos todo se sabe. Al día siguiente ya no pude ver al poeta -estaba indispuesto-, pero pasé toda la mañana entrevistando gente que quería contar su historia con Nandino. Resulta que medio pueblo se enteró que alguien del DF estaba en Cocula preguntando por el doctor Nandino. Para ellos era el doctor, no el poeta.
 
Los niños le decían "el doctor de los dulces" y había una pintura, que uno de ellos hizo, donde lo retratan en toda su generosidad con la gente de su pueblo. Me enseñaron fotos y periódicos de poesía que Nandino editaba y donde publicaba poemas de sus alumnos, a quienes les enseñaba a escribir poesía.
 
 
 
Una maestra de primaria, uno de sus últimos alumnos de sus talleres literarios, un sobrino médico, una abuelita que lo conoció de joven porque iban a las mismas fiestas. Alguien incluso mencionó que estudiaba Literatura en la Universidad y que ese día decidió que haría su tesis sobre Nandino. Vi también libros de su biblioteca personal, dedicados y firmados por sus autores. Yo la verdad no daba crédito a todo lo que me estaban contando, a todo lo que me estaba pasando.
 
Por la tarde regresé a Guadalajara con muchas cintas grabadas y varias hojas con apuntes. Ninguna foto, porque la cámara había regresado a Guadalajara en espera de un reportaje que nunca se concretó, por la agenda del político por el que originalmente había empezado el viaje.
 
Ahí en Guadalajara vimos un cartel -que posible pero improbablemente aun conserve en casa- del Premio Nacional de Periodismo Juvenil de ese año, dedicado a Elena Poniatowska.
 
No diré mucho más del viaje, excepto que los tres días se convirtieron en cinco, el funcionario que iba a pagar el hospedaje nunca apareció, la cámara iba a quedarse empeñada para pagar el hotel, las maletas iban a salir de incógnito por alguna ventana o de plano quedarse y, finalmente, mediante una espontánea, escurridiza y veloz huida, escapamos del hotel y de la ciudad de regreso al DF con todo y cámara, maletas y apuntes. Con mucha hambre también.
 
Todo eso fue en los primeros días de julio. En unos días cerraba la convocatoria al premio recién descubierto, pero si me apuraba podía meter la entrevista a concurso. Me apuré. Mi maestro acababa de tener dos hijos gemelos y me dejaba estar en su casa -a veces cuidándolos- toda la mañana, transcribiendo la entrevista y dándole forma.
 
No sé cuántos días habrán sido, pero yo tenía que llegar muy temprano a su casa, antes de que él, su esposa y los niños salieran; y me iba hasta la noche, cuando todos regresaban. Antes de irme, él revisaba pacientemente el texto y me hacía sugerencias.
 
Terminé justo un día antes del cierre de la convocatoria. Me inventé el pseudónimo que siempre me ha traído buena suerte desde entonces y entregué un paquete con las copias respectivas.
 
A finales de septiembre me avisaron que el texto había sido seleccionado por el jurado y que a los pocos días sería la premiación. Resulta que entre los otros ganadores estaba una poeta, Roxana Elvridge, que tres años antes había sido Premio de Poesía Elías Nandino. Ese año todo era Nandino, por lo visto.
 
Tenía pensado, con el premio, regresar a Cocula y agradecerle personalmente al doctor Nandino, pero ya no se pudo, porque cuatro días después falleció.
 
A decir verdad, Nandino siguió rondándome todavía después del 2 de octubre de su muerte. Por Roxana -aunque ella seguro no lo recuerda- conocí a otros poetas que lo recordaban con afecto, pero que no mencionaré porque ellos con mayor seguridad todavía menos me recuerdan.
 
Luego, leí otras entrevistas en otras viejas revistas, sus biografías autorizadas y no autorizadas, y comprobé que mi texto no tenía nada nuevo, nada sorprendente, ni original; pero eso no importaba, porque aunque probablemente muchas veces le habían hecho las mismas preguntas y él las había respondido de manera muy similar, ese fin de semana en que me lo contó todo, todos -él, yo, mi maestro, sus amigos- éramos parte de un momento que nunca más se iba a repetir.

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Poema Prefacio

No me importa
cómo juzguen mi vida,
yo traté de vivirla
haciendo estrictamente
lo que a ella apetecía.

No hubo deseo,
tentación o capricho
que no le realizara
con eficaz esmero.

Y fuera lo que fuera,
al tiempo de cumplirlo,
lo transformé en ensueño.

Por ella fui lascivo
y no he dejado puro
ni un poro de mi cuerpo.

Fue tal mi apego
a los desmanes
de su carnal orgía,
que a mis ochenta y dos años
de su infierno en ruinas
aún estoy creando mi poesía.

Elías Nandino. Erotismo al rojo blanco
1983

jueves, septiembre 20, 2007

Tendré mi Tiempo de Gitanos

El Preámbulo
Más de dos meses sin actualizar, lo sé. Ha sido complicado conectarme y cuando puedo hacerlo la conexión es muy lenta, algunas páginas no abren o termino haciendo otras cosas, como revisar el correo, el myspace o el hi5 y el resultado es que no he escrito nada en el blog.

Se han quedado en el tintero varios temas: conciertos, reuniones con amigos, reseñas de libros, películas... cosas que pienso dejar por aquí y no puedo.

Y bueno, tanto preámbulo en realidad es porque no sé cómo empezar. Llevo semanas sabiendo que debo escribir este post y hoy que lo empiezo no se me ocurre la manera de iniciar. A ver, pues.

El Foro de las Culturas
El tema es un concierto. Uno que habrá el sábado 22 de septiembre en la noche. Será en Monterrey, Nuevo León, en una plaza que se llama “De los 400 Años” y que está en el centro de la ciudad. Es un evento gratuito y masivo, o ligeramente masivo, porque eso tendré que comprobarlo personalmente.

A la plaza le caben supuestamente 5 mil personas y el concierto se realizará en el marco del Fórum Universal de las Culturas 2007, segunda edición de un evento internacional celebrado en Barcelona en 2004 y que se caracteriza por presentar durante varios meses (de tres a cinco) exposiciones, conferencias, conciertos y demás actividades culturales, con los temas de “Diversidad Cultural”, “Paz” y “Desarrollo Sostenible”.

En España, el primer Fórum [honestamente, yo tengo serias dudas de qué “fórum” se acentúe y preferiría llamarlo simplemente “foro”, pero en fin] duró 141 días (5 meses, de enero a septiembre) y se dice que recibió a más de 3 millones de personas.

Entre las personalidades de esa primera edición, estuvieron Mikhail Gorbachov, José Saramago, Rigoberto Menchú, Fernando Henrique Cardoso, Juan Luis Cebrián, Adela Cortina, Baltasar Garzón, Ignacio Ramonet, Adolfo Pérez Esquivel, Salman Rushdie y Alain Touraine. Por parte de México, participaron los Voladores de Papantla, Carlos Fuentes y Sealtiel Alatriste, entre otros.

En la parte artística, estuvieron Pina Bausch, Mikhail Baryshnikov, Sting, Bob Dylan, Phil Collins, Lenny Kravitz, Víctor Manuel, Ana Belén, Pablo Milanés, Pedro Guerra, Joaquín Sabina, Joan Manoel Serrat, Cesaria Evora, Mikis Theodorakis y Chambao.

Hablando en cifras, el Fórum 2004 tuvo más de 20 exposiciones, 400 conciertos, 170 grupos musicales, 60 espectáculos de calle con compañías de teatro, danza, cabaret y circo, instalaciones interactivas y decenas de actividades culturales adicionales.

El Foro de Monterrey
Este año, el Fórum se realizará en México, del 20 de septiembre al 8 de diciembre, en la ciudad norteña de Monterrey. En lo personal, dudo que se compare con el de Barcelona, pero me parece que ese no es motivo para denostarlo.

En esta ocasión se esperan más de mil eventos, durante los 80 días de duración del foro, los cuales estarán organizados en cuatro ejes temáticos: los ya mencionados de “Diversidad Cultural”, “Paz” y “Sustentabilidad” y un cuarto, dedicado al “Conocimiento”.

Las actividades se organizan asimismo en tres formatos: “Diálogos”, “Exposiciones” y “Expresiones Culturales”. El primero, a su vez, tiene los temas de “Paz y Espiritualidad”, “Educación, Ciencia y Tecnología”, “Ciudades y Población”, “Desarrollo Basado en el Conocimiento”, “Cultura de la Salud y Calidad de Vida”, “Gobernabilidad y Participación, Derechos Humanos y Justicia”, “Identidad y Diversidad” y “Comunicación”.

Es importante mencionar que el Fórum está auspiciado por la UNESCO y que esta edición de sólo tres meses de duración es sin embargo inédita en Latinoamérica. Se esperan, por ejemplo, casi 2 millones de asistentes, unos 410 ponentes, 14 exposiciones y más de mil actividades dancísticas, musicales, teatrales y circenses.

Serán 56 los países representados, unas 100 universidades participantes, 150 organismos internacionales, 10 encuentros de carácter mundial; alrededor de 3 mil artistas e intelectuales, 3 mil obras en exhibición, así como 30 museos nacionales y 26 extranjeros.

Entre los conferencistas anunciados están Mario Molina, Samuel Ruiz, César Cansino, Judith Bokser, Miguel Ángel Granados Chapa, Daniel Cazés, Lydia Cacho, Gloria Ramírez, Sandra Cisneros, Enrique Krauze, Mario Vargas Llosa, Michel Wieviorka e Ignacio Ramonet; mientras que en la parte musical habrá conciertos de Fito Paez, El Gran Silencio, Plastilina Mosh, Jumbo, Inspector, Jaguares, Patita de Perro, Óscar Chávez, Los Folkloristas, Tania Libertad, Lila Downs, Astrid Hadad, Regina Orozco, Eugenia León, Ojos de Brujo y Goran Bregovic.

Otras dos características del Fórum conciernen a su planeación previa y a su trascendencia inmediata en el ámbito local. Con respecto a lo primero, se sabe que los preparativos empezaron con meses de anticipación, ya que fue necesario un “plan maestro de infraestructura urbana”, mediante el cual se remodelaron y crearon los espacios necesarios para albergar los eventos y recibir a los asistentes.

En cuanto a su trascendencia, se dice (o al menos se pretende) que su celebración transforme a las localidades anfitrionas. Y ciertamente es de esperar que en materia turística tenga una relevancia importante para la ciudad. No sólo eso, mientras escribía este texto he recibido, aquí en el DF, folletos del foro y escuché a una persona contarle a otra por teléfono que se iba unas semanas a trabajar allá y que le pagarían muy bien, por lo que asumo dará también cientos o miles de fuentes de trabajo, lo cual no es para menos.

Goran Bregovic, el Gitano que Visitará México
Y después de todo lo dicho, doy ahora la explicación personal de por qué iré al foro, en visita relámpago a esa ciudad que me es desconocida (me acompañará Briz, amiga de varios años, a quien seguro le gustará el viaje improvisado).

La razón es simple. De los cientos de participantes, la presencia de Goran Bregovic es la que a mi me parece imperdible. Todo lo que escribí no lo sabría si no hubiera sido porque de casualidad leí su nombre en un folleto y comprobé su actuación al visitar la página en internet del Fórum y la de Bregovic mismo, en su agenda de conciertos.

Tengo al menos 10 años esperando esta visita, que siempre imaginé sucedería en la ciudad de México, no en provincia. He sabido que a Bregovic se le conoce bien en Argentina y Chile, pero en México es prácticamente desconocido.

Cuando alguien me pregunta el tipo de música que escucho, contesto sin dudarlo que la música gitana, la gitana balcánica para ser precisos. Y en realidad lo que quiero decir es que oigo a Goran Bregovic. Claro, igual a los rumanos Taraf de Haïdouks y por supuesto al también yugoslavo Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra.

Pero Bregovic es el primero, sin duda. “Talijanska”, “Kalasnjikov”, “Sheva”, “Ederlezi”, “Hop Hop Hop”, “In The Deathcar” o “Borino Oro”, son canciones (con algo de ska, con algo de punk, con suficiente rock) que puedo oír una y otra vez sin fastidiarme. Hasta las bailo y eso que no tengo idea de cómo se bailan o si es que son bailables.

Tampoco me son familiares el alfabeto cirílico, ni las lenguas balcánicas, pero esos ritmos y sonidos me hacen sentir parte de algo, digamos de quien los toca o digamos de quienes también los disfrutan. Hasta gitano me siento y hasta en feliz me transformo.

Como casi cualquiera que lo conozca, supe de su música por el cine. “Underground”, esa película de Kusturica que en México gustó tanto, cuando llegó en 1996, resultó definitiva también para mis gustos musicales.

Lo primero que hice fue encargar el soundtrack en Mix Up, para volver a escuchar esa musiquita como de banda improvisada, como provinciana de cualquier lado, como alborotada y atemporal, como triste y melancólica, como de fiesta y funeral.

Con el disco en mis manos, varios meses después del encargo, supe que el compositor era Bregovic (“bregovich”, dicen que se dice). Por esa misma época, vi “Tiempo de Gitanos”, también de Kusturica y también musicalizada por Goran. Esa peli me hizo fan definitivo del cine de Kusturica (o “kusturitza” para los esnobs puristas), seguidor impaciente de Bregovic y aspirante frenético (y patético, supongo) del gitanismo, digamos de ese tipo.

Si han visto “Gato Negro, Gato Blanco”, cinta también de gitanos, ¡imagínense que yo le tenía envidia al protagonista y me declaraba enamorado de la gitanita que era su novia! De hecho, aún recuerdo el nombre de la actriz: Branka Katic. De ese tamaño, pues, mi clavadismo.

En fin, que estoy que no me la acabo con esta visita. Ir a Monterrey sólo por un fin de semana es como de locos; más si nunca he estado ahí y más si voy en busca de una plaza pequeña, a un concierto de apenas dos horas, el cual honestamente dudo se llene de fans.

Además estaré persiguiendo una foto, un video, algún autógrafo y si se puede una improbabilísima entrevista. Llevo mis carátulas de DVD y CD de “Underground” (que dicho sea de paso ya tienen firma de Kusturica: “for Karlos, Emir”, dice la dedicatoria), “Tiempo de Gitanos”, “Sueño de Arizona”, “La Reina Margot” e “Historias y Canciones de Bodas y Funerales”.

Si consigo una entrevista (y si consigo un traductor), le preguntaré varias cosas, como su participación reciente como actor en la cinta italiana “Los Días del Abandono” (que vi hace unos meses, también por casualidad), su próxima visita a Chile a principios de 2008 (de la que me enteré hoy y me confirmó mi amiga Ale, vía messenger), a lo mejor algo de su distanciamiento con Kusturica o sobre su última producción “Karmen”, que supongo hace referencia a la gitana española que todo mundo conoce.

En fin, que necesitaré mucha suerte para que todo eso suceda. Y a lo mejor fatalmente no pasa nada. Pero qué importa, yo iré y lo intentaré. Si se puede bien, y si no también. Supongo que esa es una actitud gitana [y el fracaso una condición], ¿o no? [¡Ooopa!]

miércoles, febrero 28, 2007

Por aquí sigo

Sólo para que haya una entradita en el blog de febrero (porque ya se acaba el mes en unas horas).

Sí ha habido cosas para contar, pero poco tiempo para hacerlo.

A ver si mañana o pasado escribo con más calma.

Entre las cosas de este mes que quería contar y no pude (bueno, de las que me acuerdo):

-Cada vez me gusta más Polka Madre
-Leo un libro sobre Teoría de Elección Racional (y hasta orita si le entiendo)
-Sigo escribiendo notitas financieras underground
-El viaje a Rusia (que sí, que no, que quién sabe, se me hace que ya no)
-Me compré una camarita (por aquello de la gira artística, al parecer malograda)
-Abrí una paginita de esas de fotitos (así que pasen a saludar: http://www.fotolog.com/carlosoramirez/)

Ya. Que no se diga que en febrero no me reporté

martes, abril 18, 2006

Quién Hubiera Dicho

Y dale con las coincidencias:

1.- El año pasado, buscando canciones de Joaquín Sabina, encontré “Con La Frente Marchita”, del disco “Entre Todas Las Mujeres”, que supuestamente es un disco-homenaje que le hacen varias cantantes hispanoamericanas al trovador español.

2.- Un par de meses después, el inesperado viaje a Buenos Aires, con la certeza de que las cosas que sabía de Argentina eran tan pocas que las podía contar con los dedos de la mano: Borges, Evita, Gardel, Maradona, Los Fabulosos Cadillacs, Fito Paez, el mate…

3.- La semana pasada, compré una película de Carlos Saura, “Tango”, misma que intenté ver en tres o cuatro ocasiones a las tres de la mañana, por aquello del insomnio, y que apenas ayer logré ver completa.

4.- De los varios intentos, se me quedó grabada la cancioncita del principio: “¡Qué cosas, hermano, que tiene la vida! (...) / Dos años enteros / la tuve a mi lado / y nunca, ni en sueños, / quererla pensé. / ¡Quien iba a decirme / que loco yo un día / la vida daría / por verla otra vez!...”.

5.- La canción es de Adriana Varela, “casualmente” la misma de “Con La Frente Marchita”, canción que después de mi regreso a México no dejaba de escuchar, porque la letra cobró sentido de inmediato: “«Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!» (...) / Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte, / pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata. (...) / Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear, / y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar / y me puse a gritar: «¿Dónde estás?»”

6.- En realidad hay muchas más coincidencias alrededor de Buenos Aires, la música, la literatura, los amigos, etc., pero esta última de las dos canciones es la más significativa. En verdad considero una “estupenda casualidad” haber conocido estas dos canciones sin haberlo pretendido y que las dos sean de la misma cantante argentina. A lo mejor exagero, pero hace unos meses ni idea tenía de que existían y la suerte las puso en mi camino. Estas cosas realmente me emocionan cuando suceden, porque hacen que me sienta privilegiado, me hacen pensar que el encuentro no fue tan casual aunque no pueda dejar de llamarlo así.

A continuación transcribo la letra de las dos canciones:


Quién hubiera dicho

¡Qué cosas, hermano,

que tiene la vida!
Yo no la quería
cuando la encontré
hasta que una noche
me dijo, resuelta:
“Ya estoy muy cansada
de todo”, Y se fue.
¡Qué cosas, hermano,
que tiene la vida!
Desde ese momento
la empecé a querer.

¡Cuántos sacrificios
hice pa' olvidarla!
¡En cuántos fandangos
mi vida perdí!
¡Quien hubiera dicho
que por su cariño
diera tantos tumbos
como los que di!
He tirao la vida
por los cafetines
pa' mostrarle a todos
que ya la olvidé,
pero todo es de grupo
y al quedarme a solas
he llorao, hermano,
como una mujer.

Dos años enteros
la tuve a mi lado
y nunca, ni en sueños,
quererla pensé.
¡Quien iba a decirme
que loco yo un día
la vida daría
por verla otra vez!...
¡Qué cosas, hermano,
que tiene la vida...
¡Desde aquella noche
la empecé a querer!

Tango de Adriana Varela



Con La Frente Marchita

Sentados en corro merendábamos besos y porros
Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.

Te morías por volver "Con la frente marchita" cantaba Gardel
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud.
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.

Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.
Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte,
pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta.
Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.
"Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!"-
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...

Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte
monigotes de miga de pan, caballitos de lata
Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte,
pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata.

Aquellas banderas de la patria de la primavera,
a decirme que existe el olvido, esta noche han venido.
Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del "Che".
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear,
y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar
y me puse a gritar: "¿Dónde estás?"

Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte
corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo:
"No consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el Río de La Plata"

Canción de Joaquín Sabina

jueves, diciembre 22, 2005

Tres Borges, Dos Poemas, Uno Apócrifo

Tres Borges, Dos Poemas, Uno Apócrifo


Por supuesto, Borges es una de esas personas que hubiera deseado conocer o por lo menos ver pasar de lejos, como cuando solía llegar temprano a la Biblioteca México sólo para ver llegar a Jaime García Terrés y después leer alguno de sus poemas. Saber que acababa de pasar junto a mí resultaba emocionante, aunque nunca hubiese conversado con él.

Borges el personaje es lo único que está a la mano: el mito del hombre inteligente, lector incansable a pesar de la ceguera, Borges el memorioso, el culto conversador tímido...

Al pensar en Borges recuerdo dos poemas suyos; mejor dicho, recuerdo haberlos leído y recuerdo de qué trataban, pero no el título o dónde encontrarlos de nuevo.

Busco en internet: “Borges+rosa”. El primer poema que recuerdo habla de una rosa. Es un poema “culto” o “racional” que sólo Borges pudo escribir. Descubro que existe un poema titulado “La Rosa” que no es el que buscaba. El que recuerdo resulta que se llama “El Golem” y así empieza:

El Golem
Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.


Supongo que tiene que ver con cuestiones de fenomenología y misticismo y ahora que lo releo completo entiendo que hay alguna conexión con “El Nombre de la Rosa” y, no sé por qué, me remite también a “Pi, El Orden Del Caos”, de Aronofsky, supongo que por el tema de los judíos. Ya averiguaré más de esto en otra ocasión.

El otro poema siempre me pareció curioso, porque no suena a Borges, pero saberlo de él parece más inquietante que si fuera de alguien más. Busco nuevamente: “Borges+si tuviera”. Tampoco recuerdo el título, pero habla acerca de lo que haría Borges viejo si volviera a vivir.

¡Qué cosas! Resulta que el tal poema efectivamente no está comprobado que sea de Borges. Encontré un buen ensayo al respecto: “
Jorge Luis Borges, autor del poema 'Instantes'”. Por lo que entiendo, hay diversas inexactitudes, como el hecho de que en una entrevista es mencionado el poema, siendo que no tenía la edad que revela el texto en uno de sus últimos versos.

Es cierto que el poema pudo ser corregido y que a fin de cuentas en literatura no valen las verdades científicas ni las certezas históricas, pero además de esto y de algunas inconsistencias gramaticales del texto, impropias en Borges, lo más extraño es precisamente el tema del poema, hablar de una especie de arrepentimiento, de desear un Borges diferente, otro Borges, negar al personaje y al mito.

No obstante, estas características fueron las que me llevaron a recordar el poema, la carga moral surtió efecto, debo reconocerlo. He aquí el poema:

Instantes
Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.


Si toda la poesía de Borges fuese filosofía, ese poema en cambio es hasta cierto punto moral –o antimoral–: “vivan como yo no viví” o “no vivan como yo viví”, parece decirnos este otro Borges; ni siquiera tiene nada que ver con su antipersonaje de “Borges y Yo”, que qué bueno, encontré también por casualidad, aunque no fuese un texto que buscara:


Borges y Yo
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren preservar su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.



El poema apócrifo, según leo, apareció en la revista “Plural” en 1989 y además ha sido traducido y publicado en diferentes colecciones de poemas de Borges por investigadores especializados en su literatura. Como yo no sé mucho de literatura y además tampoco puedo decir quién sí lo escribió, seguiré pensando que ese poema es del mismo Borges. Total, para mí los dos o los tres son el mismo, ya que a ninguno conocí.

Y todo esto –Borges–, nomás porque la semana que entra conoceré su Buenos Aires. Estar allá será estar más cerca de Borges. Qué bueno.