Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 02, 2013

Elías Nandino no se olvida

Para Don Cellini,
que seguro lo apreciará,
aunque no nos conozcamos. 


Ya han pasado 20 años.
 
Un día (algunos meses antes) llegó a mi casa una revista vieja de teléfonos (Voces de México). La hojeé -yo siempre hojeaba todo-. En medio, había una enjuta sección de cultura, con unos cuantos fragmentos de un poema. Algunas semanas después, mi maestro de oratoria, en una de tantas pláticas después de la clase, mientras los demás jugaban basquet o futbol, mencionaba algo de un poeta, contemporáneo de Los Contemporáneos.
 
En mi vida suelen pasar cosas anodinas, pero sin las cuales no pasarían los más memorables momentos. Esos dos instantes, sin nada que ver entre ellos, son de los más representativos.
 
En esos meses de 1993 yo había dejado la secundaría, esa jungla desquiciante de la cual quién sabe cómo se sobrevive, pero que todos los días posteriores quisiera uno regresar a ella.
 
En la Biblioteca México, a las orillas de la Ciudadela, había puestos de libros viejos y revistas, y yo era "casi" cliente frecuente. Casi, porque siempre me paraba a husmear, incluso preguntaba precios, pero nunca tenía el dinero suficiente como para que los libreros y yo quedáramos satisfechos.
 
A veces, sólo a veces, podía llevarme una revista vieja. Hojeando una Macrópolis, salió una entrevista a Elías Nandino, como de un año antes. Las piezas se estaban uniendo, pero como siempre he sido despistado, seguía sin darme cuenta.
 
 
 
Luego ya caí en la cuenta que el apellido lo había oído antes. Claro, era el mismo que nos había platicado el maestro Jaime y, claro, era el mismo de esa revista usada que quién sabe cómo y quién sabe por qué llegó a mi casa, donde nadie más leía y donde ni teléfono había.
 
En la biblioteca busqué libros de Nandino, pero no había gran cosa. Uno encontraba a Og Mandino pero no a Elías Nandino; en la sección de Poesía, de la "M" uno pasaba directo a Neruda. Sin embargo, algo habré encontrado, porque a la siguiente clase le dije al maestro: "se acuerda del escritor que nos contó, pues en mi casa tenía una revisa vieja y en la revista vieja había un poema de él". Y pasó. Ya era una buena anécdota hasta ahí.
 
Pero luego de unos días más, semanas seguramente, mientras yo ya iba de salida -otra vez- de la Biblioteca México, curiosamente me encontré al maestro Jaime que iba tal vez hacia allá mismo.
 
Me dijo algo de que lo mandarían en unos días a Guadalajara a hacer un reportaje sobre las explosiones del año pasado. Tenía agendada una entrevista con el gobernador o algo parecido. Y así, como de pasada, salió algo de que Nandino vivía muy cerca de Guadalajara y que podría ir yo y pedirle una entrevista.
 
Los días siguientes los pasé esbozando preguntas. Para entonces, el tema Nandino ya no era nuevo, porque casualmente ya me había leído algunas otras entrevistas y al menos cuatro o cinco libros suyos, así que aunque nunca me había pasado por la cabeza la posibilidad de conocerlo y menos entrevistarlo, tampoco me había quedado sólo con su apellido infrecuente en la memoria.
 
 
 
En lo que no había reparado -nunca he sabido cómo hace uno para anticiparse a ese tipo de detalles-, es que a mis poco más de 15 años jamás había salido de casa, no tenía ni idea de dónde estaba Guadalajara y menos Cocula, y todavía menos sabía cómo iba a llegar con Elías Nandino y decirle "oiga, vine a entrevistarlo". Más aún, con qué dinero iba a pagar el traslado, el alojamiento, la comida.
 
Lo mínimo que debería haber hecho para esas horas era preparar una maleta y, supongo, avisar en casa. Pero no. Tenía más que listos unos libros y revistas, una pluma y varias hojas blancas con múltiples preguntas tachadas y numeradas. Y una mochila. Creo que era un miércoles por la noche cuando les dije a mis papás que al otro día, bien temprano, me iba a Guadalajara. Tres días. Más o menos. Y que si me daban algo de dinero, nada más para el pasaje.
 
Afortunadamente no había tiempo para pleitos, discusiones o mayores explicaciones, ya que no había hecho la maleta y de todas formas me iba a ir. Así que esa noche preparé ropa para tres días y nada más.
 
Llegué a Guadalajara por la tarde y ahí me esperaba el maestro Jaime. A él le pagaban el viaje en el periódico donde trabajaba y el hospedaje para ambos estaba apalabrado con el gobernador, oficialmente él era el reportero y yo el fotógrafo.
 
Al día siguiente, muy temprano, preguntamos cómo llegar a Cocula. Llegamos a Cocula y preguntamos cómo encontrar a Elías Nandino. Al principio nadie sabía, pero después de tres o cuatro personas alguien nos dijo que a unas cuadras estaba su casa. Llegamos, pero no era su casa; lo había sido cuando nació, pero ya no. Luego de preguntar otras más veces, nos dijeron que otras cuadras más para allá estaba una casa de cultura. Y fuimos.
 
En todos lados se llaman "casas de la cultura" o "casas del poeta", pero ahí era la "Casa de la Poesía". Tampoco era la casa de Nandino, resulta que unos años atrás la había donado al pueblo y él se había ido a terminar de vivir con una sobrina, varias, muchas calles más allá.
 
Pudimos tomar algunas fotos. Recuerdo un árbol de naranjas en medio del patio y en la parte alta una terraza desde donde se veían los tejados marrones de las casitas coculenses.
 
¿Y la casa de Nandino? "El doctor Nandino -nos dijeron-, esta muy grande (tenía 93 años) y ya no sale, pero si van a platicar con él le va a dar gusto". Nos llevó Jaime Hernández, exalumno suyo, que en ese entonces atendía la Casa de la Poesía.
 
Caminamos varias cuadras de banquetas estrechas y llegamos a una casita azul. Pasamos, preguntamos a la familia si podíamos hablar con el poeta. Le preguntaron y dijo que sí.
 
 
 
 
A gritos nos presentamos, saqué la grabadora prestada y empezamos a platicar. Nandino oía muy poco y se cansaba mucho. De tanto en tanto pedía que termináramos, pero unos segundos después se acordaba de algo, empezaba a hablar y la entrevista continuaba. Volvía a preguntarnos quiénes éramos y le volvíamos a decir. Así se nos fue la tarde.
 
Nos pidió finalmente que regresáramos al día siguiente. Estaba muy contento de recordar cosas y por lo visto algo dentro de su mente quería seguir recuperando nombres, lugares y fechas, aunque su cuerpo nonagenario se opusiera.
 
 
 
Mi maestro tenía también que regresar a trabajar. Yo ciertamente no, así que dije que volvería al día siguiente. Quién sabe cómo dimos después con un sobrino del poeta que tenía un hotel y que se ofreció a hospedarme por esa noche, para que no tuviera que regresar a Guadalajara y volver por la mañana. Y dije que sí. El maestro Jaime regresó a la ciudad, tenía que reportear. Yo me quedé a aprender qué cosa quería decir eso.
 
En los pueblos todo se sabe. Al día siguiente ya no pude ver al poeta -estaba indispuesto-, pero pasé toda la mañana entrevistando gente que quería contar su historia con Nandino. Resulta que medio pueblo se enteró que alguien del DF estaba en Cocula preguntando por el doctor Nandino. Para ellos era el doctor, no el poeta.
 
Los niños le decían "el doctor de los dulces" y había una pintura, que uno de ellos hizo, donde lo retratan en toda su generosidad con la gente de su pueblo. Me enseñaron fotos y periódicos de poesía que Nandino editaba y donde publicaba poemas de sus alumnos, a quienes les enseñaba a escribir poesía.
 
 
 
Una maestra de primaria, uno de sus últimos alumnos de sus talleres literarios, un sobrino médico, una abuelita que lo conoció de joven porque iban a las mismas fiestas. Alguien incluso mencionó que estudiaba Literatura en la Universidad y que ese día decidió que haría su tesis sobre Nandino. Vi también libros de su biblioteca personal, dedicados y firmados por sus autores. Yo la verdad no daba crédito a todo lo que me estaban contando, a todo lo que me estaba pasando.
 
Por la tarde regresé a Guadalajara con muchas cintas grabadas y varias hojas con apuntes. Ninguna foto, porque la cámara había regresado a Guadalajara en espera de un reportaje que nunca se concretó, por la agenda del político por el que originalmente había empezado el viaje.
 
Ahí en Guadalajara vimos un cartel -que posible pero improbablemente aun conserve en casa- del Premio Nacional de Periodismo Juvenil de ese año, dedicado a Elena Poniatowska.
 
No diré mucho más del viaje, excepto que los tres días se convirtieron en cinco, el funcionario que iba a pagar el hospedaje nunca apareció, la cámara iba a quedarse empeñada para pagar el hotel, las maletas iban a salir de incógnito por alguna ventana o de plano quedarse y, finalmente, mediante una espontánea, escurridiza y veloz huida, escapamos del hotel y de la ciudad de regreso al DF con todo y cámara, maletas y apuntes. Con mucha hambre también.
 
Todo eso fue en los primeros días de julio. En unos días cerraba la convocatoria al premio recién descubierto, pero si me apuraba podía meter la entrevista a concurso. Me apuré. Mi maestro acababa de tener dos hijos gemelos y me dejaba estar en su casa -a veces cuidándolos- toda la mañana, transcribiendo la entrevista y dándole forma.
 
No sé cuántos días habrán sido, pero yo tenía que llegar muy temprano a su casa, antes de que él, su esposa y los niños salieran; y me iba hasta la noche, cuando todos regresaban. Antes de irme, él revisaba pacientemente el texto y me hacía sugerencias.
 
Terminé justo un día antes del cierre de la convocatoria. Me inventé el pseudónimo que siempre me ha traído buena suerte desde entonces y entregué un paquete con las copias respectivas.
 
A finales de septiembre me avisaron que el texto había sido seleccionado por el jurado y que a los pocos días sería la premiación. Resulta que entre los otros ganadores estaba una poeta, Roxana Elvridge, que tres años antes había sido Premio de Poesía Elías Nandino. Ese año todo era Nandino, por lo visto.
 
Tenía pensado, con el premio, regresar a Cocula y agradecerle personalmente al doctor Nandino, pero ya no se pudo, porque cuatro días después falleció.
 
A decir verdad, Nandino siguió rondándome todavía después del 2 de octubre de su muerte. Por Roxana -aunque ella seguro no lo recuerda- conocí a otros poetas que lo recordaban con afecto, pero que no mencionaré porque ellos con mayor seguridad todavía menos me recuerdan.
 
Luego, leí otras entrevistas en otras viejas revistas, sus biografías autorizadas y no autorizadas, y comprobé que mi texto no tenía nada nuevo, nada sorprendente, ni original; pero eso no importaba, porque aunque probablemente muchas veces le habían hecho las mismas preguntas y él las había respondido de manera muy similar, ese fin de semana en que me lo contó todo, todos -él, yo, mi maestro, sus amigos- éramos parte de un momento que nunca más se iba a repetir.

---------

Poema Prefacio

No me importa
cómo juzguen mi vida,
yo traté de vivirla
haciendo estrictamente
lo que a ella apetecía.

No hubo deseo,
tentación o capricho
que no le realizara
con eficaz esmero.

Y fuera lo que fuera,
al tiempo de cumplirlo,
lo transformé en ensueño.

Por ella fui lascivo
y no he dejado puro
ni un poro de mi cuerpo.

Fue tal mi apego
a los desmanes
de su carnal orgía,
que a mis ochenta y dos años
de su infierno en ruinas
aún estoy creando mi poesía.

Elías Nandino. Erotismo al rojo blanco
1983

viernes, febrero 17, 2012

De plagios, premios y otros pleitos escolares

Aunque nadie me lo pidió, aquí van mis muy personales comentarios con respecto al tema éste de los plagios, los premios y los cargos administrativo-culturales:

1.- Todo plagio es condenable, lo haga quien lo haga e independientemente de cuándo, dónde y cómo lo haga. Incluso si se realiza sobre aviso e incluso si se hiciere involuntariamente o sin pretensión de dolo (suponiendo que esto fuera posible).

2.- Todo premio es injusto, incluso los bien merecidos. Como en cualquier competencia, termina con unos pocos ganadores y varios más, bastantes, perdedores. Quién sabe si, realmente, pueda entregarse algún premio como resultado de la objetividad, quién sabe si -dando por hecho la objetividad de “jurados-que-son-sujetos”- pudieran existir órdenes de magnitud para calificar a los artistas y a sus obras: “x” es más poeta que “y” (medido en gramos); tiene menos novelosidad este título que este otro (revise usted la textura); el cuento “a” y el cuento “b”, como se puede apreciar, alcanzan una media de 36 grados de narratividad, debido a lo cual sus autores compartirán el premio ante este, nunca mejor dicho, empate técnico de sus creadores.

3.- Los premios de arte y cultura, contra lo que pueda suponerse, están muchas veces más emparentados con un desfile de modas o con un concurso televisivo que con la literatura, el arte o la cultura. Son competencias donde, a veces, se juega sucio, se utilizan esteroides, se toman atajos; gana “el que más algo”, pierde el que no alcanzó un puntaje, incluso el que siendo “el mejor”, el “más preparado”, el del “curriculum más extenso”, tropieza de último momento, sucumbe al viento, enferma inesperadamente; gana en cambio el de los más amigos, el de los menos enemigos, el de la reputación pública intachable, el de los vicios privados desconocidos.

4.- En términos de arte, una pieza de escultura del siglo XX americano no es equiparable a una obra musical del XIX europeo. El mercado puede pretender ponerles precio, el publico puede eventualmente someterlas a votación y democráticamente preferir una y no otra, pero aun así, ni el mercado ni la democracia son medidas adecuadas para diagnosticar el arte. Yo creo que tampoco la reputación moral, la solidez académica o la suficiencia política. Se parecen, pero son cosas distintas, esferas aparte.

5.- Todo funcionario -incluso si pertenece a una institución educativa- es, antes que nada, un empleado. Se desempeña en sus actividades como un médico en una clínica y como un vendedor en una empresa de seguros. Es su trabajo. Los hay poco, nada, bien y excelentemente calificados para su puesto; los hay quienes llegan luego de una entrevista laboral, quienes entregaron el curriculum más impresionante, quienes heredaron el puesto o quienes llegaron por recomendación. Aun así, se espera que quien ocupe el lugar vacío del organigrama en cuestión esté bien capacitado para las funciones que va a desempeñar; que tenga una experiencia previa comprobable, mejor aún si puede demostrar buenos resultados obtenidos en trabajos anteriores. Ayuda si trae un portafolios de muestra. Muchas veces es determinante su permanencia si se entiende bien con sus jefes, si es respetado por sus subordinados, si sus colegas le aprecian. Esto tampoco tiene que ver con el arte y tampoco es requisito la probidad moral de la persona. Bastaría en todo caso con su capacidad profesional, con cierta honestidad en el ámbito laboral y el más estricto apego a la legalidad y normatividad que le apliquen. Debe haber, con toda seguridad, excelentes servidores públicos que son unos sinvergüenzas con sus familias y verdaderos canallas en su afición deportiva que hacen más que redituables los servicios de la empresa en que laboran.

6.- Lamento todo lo ocurrido en días pasados con Sealtiel Alatriste. No lo conozco en el ámbito personal; le he visto (no en años recientes) en conferencias, presentaciones de libros y otros eventos culturales. Ocasionalmente le he leído y en mi ignorancia nunca he advertido los párrafos que tomó de otros. Lo poco que conozco de él me ha parecido interesante, ameno, incluso divertido; no atinaría a decir si quitándole párrafos, entrecomillándolos o agregándoles citas a pie de página, mi apreciación global sería distinta.

7.- Es posible que, de ahora en adelante, lo lea con otros ojos; es probable que me acerque a sus textos con alguna precaución indebida; a lo mejor incluso le atribuiré a alguna lectura previa el nombre de un próximo personaje, el título de un capítulo, la sentencia última de un artículo. Es incluso factible que si ese futuro texto suyo lo firmase con seudónimo baste para que yo lo lea otra vez con ingenuidad, sin estos incómodos prejuicios, y que, en suma, termine por gustarme o no gustarme más o menos en mismo grado, porque, después de todo, el texto sería el mismo.

8.- Gabriel Zaid es imposible. Cuesta trabajo imaginar cómo hace lo que hace, cómo escribe lo que escribe. Así como hay objetos de ornamento y objetos de primera necesidad, hay personalidades que son parte del paisaje y otras más sin las cuales ese paisaje no tendría movimiento. Es un bien escaso Gabriel Zaid, uno de esos bienes de los que preferiríamos tener más y no menos. A menudo nos abre los ojos, se toma la molestia de ahondar donde los demás no, ve las fisuras en los muros altos, convierte a sus lectores en el Dr. Watson del detective Holmes. “Elemental”, “la pista siempre estuvo allí”, parece decirnos en sus artículos. Celebro que Gabriel Zaid haga evidente todo plagio que sea capaz de detectar y –qué le voy a hacer- le creo incluso sin haberlo verificado yo mismo. Zaid sabe, como pocos, argumentar; en el arte marcial del ensayo es un cinta negra con la más amplia experiencia.

9.- A Sealtiel Alatriste se le acusa de plagio, luego de obtener el Premio Xavier Villaurrutia. Deshonra al premio, le recriminan. Según los “no-jurados” del mismo, la distinción se devalúa porque se la dieron a él -¿y no a quién?, por cierto-. Debería renunciar, le exigen (al premio y… ¡a su trabajo!, ya que andamos en esas).

10.- Percibo a sus detractores más molestos por el hecho de que le dieron el premio que por su inclinación a usar textos ajenos. Se presenta como un solo discurso pero, yo creo, son cosas aparte. Si su método de escritura es el plagio, la pena debería ser tener menos lectores o lectores más críticos, es más: editores más críticos, editoriales más exigentes, medios de comunicación menos ingenuos. Pero cuando cambie de método, que se le reconozca; cuando un texto suyo esté bien escrito –y escrito con sus propias palabras- tendríamos que ser consecuentes y restaurar el mérito que hoy le estamos cuestionando a su obra toda, a su trabajo todo, a su persona toda.

11.- Ahora bien, si el oprobio obedece a haberle dado el premio, ¿el delito no debería recaer en el jurado?: o el árbitro estaba vendido o resultó incompetente. Esta acusación, por cierto no explícita, a mí me parece más grave que señalar con el dedo a un plagiario. Copiar en las tareas es indigno, comprar una calificación (y venderla) es ilegal. Si dentro de las bases del premio, y en el entender del jurado, no se contraviene ningún precepto con otorgárselo a Sealtiel Alatriste, me parece que él tiene derecho a conservarlo. Posiblemente muchos otros escritores lo merezcan más, seguramente yo le hubiera dado mi voto a algún otro si hubiera formado parte del jurado; pero no fue así. Ceder a la presión pública para retirarle el premio equivale para mí a dárselo a algún otro escritor con mayor rating –y quién sabe si con mayor mérito-: “Sealtiel Alatriste, estás nominado; las reglas cambian y en el juego del Big-Brother tus compañeros ya no te quieren en la casa. Todo lo demás no importa, en Twitter ya se votó, el público ya llamó”.

12.- Cuando era estudiante, siempre me cayeron mal los que copiaban en los exámenes, los que le pedían a uno la tarea para presentarla ellos después. Imagino que así ven a Sealtiel Alatriste sus colegas escritores. Debo confesar que así veo, desde lejos, este asunto del plagio de los últimos días: casi como un pleito escolar -aunque entiendo la magnitud del asunto-. Es grave lo que ha ocurrido sobre este tema, un lamentable juego de suma cero. No veo triunfo ni justicia algunos para la Literatura mexicana, para la burocracia cultural del país, para el arte puro, ni para la gente bien, con la declinación al Premio Xavier Villaurrutia por parte de Sealtiel Alatriste, ni con su renuncia a su cargo en la UNAM. Ojalá en lo sucesivo las oficinas de Difusión Cultural tengan un titular más capaz, ojalá el premio se otorgue con mayor pluralidad, transparencia y legitimidad. Nada de esto, sin embargo, tiene que ver con que Sealtiel Alatriste tome párrafos prestados y no nos avise (incluso si nueve de cada diez personas opinasen lo contrario).

jueves, septiembre 20, 2007

Tendré mi Tiempo de Gitanos

El Preámbulo
Más de dos meses sin actualizar, lo sé. Ha sido complicado conectarme y cuando puedo hacerlo la conexión es muy lenta, algunas páginas no abren o termino haciendo otras cosas, como revisar el correo, el myspace o el hi5 y el resultado es que no he escrito nada en el blog.

Se han quedado en el tintero varios temas: conciertos, reuniones con amigos, reseñas de libros, películas... cosas que pienso dejar por aquí y no puedo.

Y bueno, tanto preámbulo en realidad es porque no sé cómo empezar. Llevo semanas sabiendo que debo escribir este post y hoy que lo empiezo no se me ocurre la manera de iniciar. A ver, pues.

El Foro de las Culturas
El tema es un concierto. Uno que habrá el sábado 22 de septiembre en la noche. Será en Monterrey, Nuevo León, en una plaza que se llama “De los 400 Años” y que está en el centro de la ciudad. Es un evento gratuito y masivo, o ligeramente masivo, porque eso tendré que comprobarlo personalmente.

A la plaza le caben supuestamente 5 mil personas y el concierto se realizará en el marco del Fórum Universal de las Culturas 2007, segunda edición de un evento internacional celebrado en Barcelona en 2004 y que se caracteriza por presentar durante varios meses (de tres a cinco) exposiciones, conferencias, conciertos y demás actividades culturales, con los temas de “Diversidad Cultural”, “Paz” y “Desarrollo Sostenible”.

En España, el primer Fórum [honestamente, yo tengo serias dudas de qué “fórum” se acentúe y preferiría llamarlo simplemente “foro”, pero en fin] duró 141 días (5 meses, de enero a septiembre) y se dice que recibió a más de 3 millones de personas.

Entre las personalidades de esa primera edición, estuvieron Mikhail Gorbachov, José Saramago, Rigoberto Menchú, Fernando Henrique Cardoso, Juan Luis Cebrián, Adela Cortina, Baltasar Garzón, Ignacio Ramonet, Adolfo Pérez Esquivel, Salman Rushdie y Alain Touraine. Por parte de México, participaron los Voladores de Papantla, Carlos Fuentes y Sealtiel Alatriste, entre otros.

En la parte artística, estuvieron Pina Bausch, Mikhail Baryshnikov, Sting, Bob Dylan, Phil Collins, Lenny Kravitz, Víctor Manuel, Ana Belén, Pablo Milanés, Pedro Guerra, Joaquín Sabina, Joan Manoel Serrat, Cesaria Evora, Mikis Theodorakis y Chambao.

Hablando en cifras, el Fórum 2004 tuvo más de 20 exposiciones, 400 conciertos, 170 grupos musicales, 60 espectáculos de calle con compañías de teatro, danza, cabaret y circo, instalaciones interactivas y decenas de actividades culturales adicionales.

El Foro de Monterrey
Este año, el Fórum se realizará en México, del 20 de septiembre al 8 de diciembre, en la ciudad norteña de Monterrey. En lo personal, dudo que se compare con el de Barcelona, pero me parece que ese no es motivo para denostarlo.

En esta ocasión se esperan más de mil eventos, durante los 80 días de duración del foro, los cuales estarán organizados en cuatro ejes temáticos: los ya mencionados de “Diversidad Cultural”, “Paz” y “Sustentabilidad” y un cuarto, dedicado al “Conocimiento”.

Las actividades se organizan asimismo en tres formatos: “Diálogos”, “Exposiciones” y “Expresiones Culturales”. El primero, a su vez, tiene los temas de “Paz y Espiritualidad”, “Educación, Ciencia y Tecnología”, “Ciudades y Población”, “Desarrollo Basado en el Conocimiento”, “Cultura de la Salud y Calidad de Vida”, “Gobernabilidad y Participación, Derechos Humanos y Justicia”, “Identidad y Diversidad” y “Comunicación”.

Es importante mencionar que el Fórum está auspiciado por la UNESCO y que esta edición de sólo tres meses de duración es sin embargo inédita en Latinoamérica. Se esperan, por ejemplo, casi 2 millones de asistentes, unos 410 ponentes, 14 exposiciones y más de mil actividades dancísticas, musicales, teatrales y circenses.

Serán 56 los países representados, unas 100 universidades participantes, 150 organismos internacionales, 10 encuentros de carácter mundial; alrededor de 3 mil artistas e intelectuales, 3 mil obras en exhibición, así como 30 museos nacionales y 26 extranjeros.

Entre los conferencistas anunciados están Mario Molina, Samuel Ruiz, César Cansino, Judith Bokser, Miguel Ángel Granados Chapa, Daniel Cazés, Lydia Cacho, Gloria Ramírez, Sandra Cisneros, Enrique Krauze, Mario Vargas Llosa, Michel Wieviorka e Ignacio Ramonet; mientras que en la parte musical habrá conciertos de Fito Paez, El Gran Silencio, Plastilina Mosh, Jumbo, Inspector, Jaguares, Patita de Perro, Óscar Chávez, Los Folkloristas, Tania Libertad, Lila Downs, Astrid Hadad, Regina Orozco, Eugenia León, Ojos de Brujo y Goran Bregovic.

Otras dos características del Fórum conciernen a su planeación previa y a su trascendencia inmediata en el ámbito local. Con respecto a lo primero, se sabe que los preparativos empezaron con meses de anticipación, ya que fue necesario un “plan maestro de infraestructura urbana”, mediante el cual se remodelaron y crearon los espacios necesarios para albergar los eventos y recibir a los asistentes.

En cuanto a su trascendencia, se dice (o al menos se pretende) que su celebración transforme a las localidades anfitrionas. Y ciertamente es de esperar que en materia turística tenga una relevancia importante para la ciudad. No sólo eso, mientras escribía este texto he recibido, aquí en el DF, folletos del foro y escuché a una persona contarle a otra por teléfono que se iba unas semanas a trabajar allá y que le pagarían muy bien, por lo que asumo dará también cientos o miles de fuentes de trabajo, lo cual no es para menos.

Goran Bregovic, el Gitano que Visitará México
Y después de todo lo dicho, doy ahora la explicación personal de por qué iré al foro, en visita relámpago a esa ciudad que me es desconocida (me acompañará Briz, amiga de varios años, a quien seguro le gustará el viaje improvisado).

La razón es simple. De los cientos de participantes, la presencia de Goran Bregovic es la que a mi me parece imperdible. Todo lo que escribí no lo sabría si no hubiera sido porque de casualidad leí su nombre en un folleto y comprobé su actuación al visitar la página en internet del Fórum y la de Bregovic mismo, en su agenda de conciertos.

Tengo al menos 10 años esperando esta visita, que siempre imaginé sucedería en la ciudad de México, no en provincia. He sabido que a Bregovic se le conoce bien en Argentina y Chile, pero en México es prácticamente desconocido.

Cuando alguien me pregunta el tipo de música que escucho, contesto sin dudarlo que la música gitana, la gitana balcánica para ser precisos. Y en realidad lo que quiero decir es que oigo a Goran Bregovic. Claro, igual a los rumanos Taraf de Haïdouks y por supuesto al también yugoslavo Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra.

Pero Bregovic es el primero, sin duda. “Talijanska”, “Kalasnjikov”, “Sheva”, “Ederlezi”, “Hop Hop Hop”, “In The Deathcar” o “Borino Oro”, son canciones (con algo de ska, con algo de punk, con suficiente rock) que puedo oír una y otra vez sin fastidiarme. Hasta las bailo y eso que no tengo idea de cómo se bailan o si es que son bailables.

Tampoco me son familiares el alfabeto cirílico, ni las lenguas balcánicas, pero esos ritmos y sonidos me hacen sentir parte de algo, digamos de quien los toca o digamos de quienes también los disfrutan. Hasta gitano me siento y hasta en feliz me transformo.

Como casi cualquiera que lo conozca, supe de su música por el cine. “Underground”, esa película de Kusturica que en México gustó tanto, cuando llegó en 1996, resultó definitiva también para mis gustos musicales.

Lo primero que hice fue encargar el soundtrack en Mix Up, para volver a escuchar esa musiquita como de banda improvisada, como provinciana de cualquier lado, como alborotada y atemporal, como triste y melancólica, como de fiesta y funeral.

Con el disco en mis manos, varios meses después del encargo, supe que el compositor era Bregovic (“bregovich”, dicen que se dice). Por esa misma época, vi “Tiempo de Gitanos”, también de Kusturica y también musicalizada por Goran. Esa peli me hizo fan definitivo del cine de Kusturica (o “kusturitza” para los esnobs puristas), seguidor impaciente de Bregovic y aspirante frenético (y patético, supongo) del gitanismo, digamos de ese tipo.

Si han visto “Gato Negro, Gato Blanco”, cinta también de gitanos, ¡imagínense que yo le tenía envidia al protagonista y me declaraba enamorado de la gitanita que era su novia! De hecho, aún recuerdo el nombre de la actriz: Branka Katic. De ese tamaño, pues, mi clavadismo.

En fin, que estoy que no me la acabo con esta visita. Ir a Monterrey sólo por un fin de semana es como de locos; más si nunca he estado ahí y más si voy en busca de una plaza pequeña, a un concierto de apenas dos horas, el cual honestamente dudo se llene de fans.

Además estaré persiguiendo una foto, un video, algún autógrafo y si se puede una improbabilísima entrevista. Llevo mis carátulas de DVD y CD de “Underground” (que dicho sea de paso ya tienen firma de Kusturica: “for Karlos, Emir”, dice la dedicatoria), “Tiempo de Gitanos”, “Sueño de Arizona”, “La Reina Margot” e “Historias y Canciones de Bodas y Funerales”.

Si consigo una entrevista (y si consigo un traductor), le preguntaré varias cosas, como su participación reciente como actor en la cinta italiana “Los Días del Abandono” (que vi hace unos meses, también por casualidad), su próxima visita a Chile a principios de 2008 (de la que me enteré hoy y me confirmó mi amiga Ale, vía messenger), a lo mejor algo de su distanciamiento con Kusturica o sobre su última producción “Karmen”, que supongo hace referencia a la gitana española que todo mundo conoce.

En fin, que necesitaré mucha suerte para que todo eso suceda. Y a lo mejor fatalmente no pasa nada. Pero qué importa, yo iré y lo intentaré. Si se puede bien, y si no también. Supongo que esa es una actitud gitana [y el fracaso una condición], ¿o no? [¡Ooopa!]

viernes, junio 29, 2007

El mal lector que soy y la filosofìa

Soy mal lector. Mucho. Y, para colmo, de unos años para acá me ha dado por preferir la filosofía a la novela, el cuento o la poesía. Me siguen gustando, pero los leo menos.

Y con la filosofía, que casi no leía porque no entendía, ahora me pasa que me atrae bastante. No toda la filosofía [le sigo teniendo asquito a lo religioso, por ejemplo, que de ninguna manera me parece algo filosófico; de hecho me pone de malas la gente que supone que hablar de filosofía es hablar de religión, o peor, hablar de Dios, o peor, del dios cristiano, o peor, de su versión de un dios cristiano].

A mi la filosofía me interesó en serio cuando leí a Kant. Y no lo entendí, claro [al menos no completamente]; pero el reto ese de comprender el imperativo categórico tuvo un efecto de eco en mi [o efecto dominó, o efecto mariposa, digamos para ejemplificar].

Para entender a Kant era necesario entender primero a Descartes, un poco a Aristóteles y otro poco a otros más. Pero luego Kant me llevó a otros filósofos, los que leo últimamente, digamos, y que también me cuesta entender.

Todo esto viene a colación porque llevo unos días intentando leer "Igualdad y Parcialidad", de Thomas Nagel y antes leí "Si Eres Igualitario, ¿Cómo es que eres tan Rico?", de Gerald Cohen. Según entiendo, ambos libros se planearon [medio por separado, por supuesto, pero en círculos académicos más o menos cercanos] hace unos 10-15 años.

Los dos libros de los dos autores son parte del legado indirecto de John Rawls a la filosofía política. En los tres casos [los dos libros citados y la obra toda de Rawls, pero destacadamente su "Teoría de la Justicia"], el propósito es problematizar las posibilidades éticas de la igualdad en contextos como los de las sociedades contemporáneas.

El libro de Cohen en realidad no se me hizo tan difícil [salvo en párrafos muy contados y específicos], porque es la recopilación de unas conferencias. Pero éste de Tim Nagel, sí. No lo entiendo. Es demasiado para mi. Y me frustra [no tanto como Heidegger, Habermas o el mismo Kant, pero sí me rebasa. Bastante].

Leo y leo, pero no entiendo. Y cuando creo entender, se me escapa pronto el entendimiento y quedo vacío de nuevo. En momentos como éste casi cedo y regreso a las novelas. Pero no, nunca me ha gustado hacer las cosas fáciles por fáciles o porque no queda de otra. Me gusta hacer lo que me gusta, aunque sea difícil y no pueda con ello [y muchas veces es difícil y no puedo con ello].

Hace rato decidí darme dos horas continuas y dedicadas específicamente a entender dos paginitas del libro que desde antier me tienen atorado. Me escapé [a las 14:00 exactamente] a una cafetería de aquí cerca. Sin que nadie me viera, para no ser distraído de ninguna manera.

Abrí el libro y empecé a leer, releer y releer. Y nada. Se me acabaron las dos horas y debí regresar sin éxito. [Ojalá un día pueda regresar a este post y decir que pude comprender el texto].

Esta parte, en concreto, continúa dejándome perplejo:

“¿Qué aporta la norma de rechazo razonable permitido moralmente con la que se somete a contrastación auténtica la legitimidad de un sistema, que sea diferente al rechazo que se basa exclusivamente en una influencia superior y en un interés propio no modificado? Sabemos que la intromisión de un elemento no moral, directamente político, en el proceso de justificación podría evitarse elevando la imparcialidad a una posición de dominio completo; pero afortunadamente ése no es el único camino. Mientras la actitud de imparcialidad, que es la primera consecuencia del punto de vista personal, juega un papel importante para determinar cualquier resultado aceptable también deberá ajustarse de alguna forma al punto de vista personal, buscando principios que reconozcan la importancia de aquellos objetivos en la vida de cada persona, y que determinen cuánto peso se les debe atribuir en general”

Thomas Nagel
Igualdad y Parcialidad

martes, mayo 01, 2007

Camaleón Porteño

Continuando con el post anterior, el de las palabras apadrinadas, resulta que el día ese que fue del Libro [no sólo de España, como suponía, sino internacional, como bien me corrigieron varios amigos y amigas] la Escuela de Escritores de Madrid organizó un concurso de microrrelatos basados en las palabras más apadrinadas.

Hace muchos, pero muchos años, que no intentaba hacer un cuento. Es que soy muy malo para eso de la inventiva. Y lo sigo siendo, pero antes era evidente a la primera, ni cómo disimularlo y por eso lo dejé. Si tenía pensado dedicarme a las Ciencias Sociales, para qué caminar al fracaso literario así como así.

Fue lo mejor para todos, no me arrepiento. Realmente la literatura nunca me apasionó como para mi vida. Me apasiona como expectador, como público lector, pero como creador no.

Una vez (¿1994-1995?), alguien [el maestro Jaime], me ofreció una beca que le daban para estudiar en la Sogem (Sociedad General de Escritores de México). No la acepté porque hubiera sido un desperdicio. Alguien más la aprovechó, según recuerdo, con más talento y pasión para las artes que yo.

El caso es que el día ese del libro, en la paginita de palabras apadrinadas, el concurso invitaba a intentarlo. Y lo intenté. Más por las condiciones que establecían que por otra cosa. Las reglas eran, básicamente, usar al menos una de las 10 palabras más apadrinadas, el relato no debería tener más de 600 caracteres y el plazo de recepción de propuestas vencía a las 23 horas de ese mismo día [hora de España].

Yo leía estas minibases del miniconcurso, en México, a eso de las 14-15 horas del DF. Y como no queriendo le di una nueva vista a las 10 palabritas, me leí lo que sus "padrinos" habían escrito sobre ellas, así como el significado que les daba la Real Academia de la Lengua, abrí una hoja de Word y empecé a escribir como para ver qué salía.

Como 40 minutos después, cerca de las 16 horas, terminé un textito [recuerdo que de la palabra "texto" decía René Avilés Fabila que eran esas cosas que uno redacta y que no se sabe bien a bien qué cosas son: medio cuento, medio poema en prosa, medio crónica, medio... más bien no son nada decentemente leíble y es mejor llamarlos "textos"].

El texto que escribí, según la función de "contar palabras" de Word, tenía exactos 600 caracteres. Regresé a la paginita del concurso, llené mis datos (nombre y correo) y copié y pegué mi cuento en la casilla del mensaje, sólo que éste quedó cortado automáticamente antes del final, ya que el formulario tenía programada la instrucción de no recibir más de los caracteres establecidos.

Regresé al Word y volví a contar. Decía "600 caracteres sin espacios"; vi entonces que había otra opción, la de "contar caracteres con espacios", la seleccioné y caí en la cuenta de que mi cuentito realmente era de 700 caracteres.

Lo iba a dejar por la paz, pero qué caray ya estaba entrado con mi minihistoria que usaba palabras extrañas. Mi cuento de 700 caracteres tenía que quedar de 600 a como diera lugar. Y prontito, porque en una de esas me cerraban el concurso por la diferencia horaria.

Al final quedó de la extensión debida, más o menos respetando al texto original. Volví a intentar mandarlo y lo mandé. Eran las 16 horas, minutos más a lo mejor. Ahora tenía qué investigar eso de la diferencia horaria, nomás para saber. Cuando lo averigüé supe que si en el DF son las 16 horas, en Madrid son las 23. Osea que apenas pude enviar mi cuento. Y a lo mejor hasta llegó fuera de tiempo, pero ni modos.

El ganador se dará a conocer el lunes 7 de mayo y el premio es algo así como una beca para estudiar un cursito ahí en la Escuela de Escritores de Madrid. Obvio, no creo ganar, ni fue mi intención en ningún momento, porque de entrada Madrid me queda lejos y para terminar ya antes le había huido a esas cosas de la narrativa.

Ahora lo transcribo aquí. Por varias razones:
1.- no me gusta escribir nomás pa' mi;
2.- este blog se trata de eso, de poner mis "textos";
3.- es mi intento literario más reciente, después de varios años [y no lo volveré a intentar en otros tantos];
4.- lo escribí así de rápido, como no queriendo;
5.- es un homenaje a cuatro de las palabritas que más votó la gente: bochinche, gaznápiro, zaguán y escuchar;
6.- me gustaría que me ayudaran a decidir cuál de las dos versiones [la de 700 ó la de 600 caracteres] es mejor [ya, ya, quise decir menor peor]

Estas son las dos versiones del cuentito; primero la corta (podada), luego la larga (sin podar):

---------
Camaleón Porteño
El Bochinche era un bar argentino, de esos que allá les dicen boliches. Iban minas lindas, como Leonor, flaquitas. Pero también gaznápiros como Carlos, un tío camaleón más que alguien decente. Engañaba a las personas y la engañó a ella. Mirándola desde el zaguán, la encontró sentada y sola. Le habló, pero más que hablarle la escuchó. Escuchar era lo que Leonor necesitaba y por eso cayó. En realidad no le importaban nadita las historias tristes de su vida. Carlos lo que quería era desvestirla en la noche. Desabrocharle el vestido verde de botones. Con sólo escucharla lo logró.

Camaleón Porteño
“El Bochinche” era un bar de Buenos Aires. A los bares allá les dicen boliches y era entonces un boliche porteño. Iban chicas lindas, como Leonor, flaquitas. Pero también gaznápiros como Carlos, un pibe camaleón más que un tío decente. Engañaba a las personas y la engañó a ella. Ahí, en “El Bochinche”, la encontró sentada y sola –él mirándola desde el zaguán-. Le habló, pero más que hablarle la escuchó. Escuchar era lo que Leonor no había encontrado en un hombre y por eso cayó con facilidad. En realidad a él no le importaba nadita quién era ella o las historias tristes de su vida. Carlos lo que quería era desvestirla por la noche. Desabrocharle el vestido verde de botones. Con sólo escucharla lo logró.


---------------------

lunes, abril 23, 2007

Incertidumbre, la palabra que apadrino


Hoy es Día del Libro en España.

Hace un par de semanas, en un fotolog de internet, supe de una convocatoria para "apadrinar una palabra". Se trata de una iniciativa de la Escuela de Escritores de Madrid y de la Escola d'Escriptura del Ateneo de Barcelona.

Hoy, 23 de abril, la convocatoria se cerró con cerca de 11 mil palabras apadrinadas. Participaron (participamos) más de 21 mil personas de 69 países y como resultado se creó el sitio Reserva de Palabras, que pretende "mantener vivas las palabras que han caído en desuso y los términos que los hablantes encuentran amenazados por la pobreza léxica, los extranjerismos o los eufemismos".

El proyecto contó con el apoyo de "padrinos de honor", entre los cuales estuvieron Luis Eduardo Aute, Alex Grijelmo, Juan Marsé y Enrique Vila-Matas, entre otros.

Algunas de las palabras más apadrinadas fueron: bochinche, gaznápiro, alféizar, escuchar, cachivache y alcancía.

La palabra que yo apadriné quizá no esté en peligro de desaparición, pero es la que, conforme a las reglas de participación, considero que "me pertenece" y "me gustaría que siguiera viva cuando ya no esté".



Incertidumbre
"Incertidumbre" es una palabra que a veces, a algunos, les da miedo; a otros no. La gente quiere certezas, control, les gusta más pensar en el "destino" porque da seguridad. La incertidumbre, por el contrario, gusta a quien quiere libertad, a quien está abierto a las posibilidades y acepta las consecuencias de sus actos, siempre y cuando sean suyos. Incertidumbre me gusta por todas las palabras que le rodean, es prima o hermana del azar, las coincidencias y las casualidades, de la novedad y de la libertad, de la responsabilidad y también de la irresponsabilidad.


Ya. quería dejarlo por aquí, para recordarlo. Y a los demás, ¿qué palabras les corresponden? Me gustaría saberlo.

viernes, marzo 30, 2007

El Escarabajo Que Soy

Resulta que soy un Peperepo. O cosa peor todavía. Ya intuía que el tipo de bicho al que pertenezco debía llamarse de algún modo parecido, como escarabajo en versión humana o cuasihumana. Ni a mosca llego, porque las moscas están relacionadas con la genialidad: según Tito Monterroso, todo buen escritor menciona a una mosca al menos una vez en su obra literaria. Él hasta las dibujaba en servilletas.

No soy mosca, pero he de ser escarabajo, o un tipo de insecto no ya kafkiano pero sí como el del “Almuerzo Desnudo” de Burroughs [qué quieren, siempre he sido pretensioso].

El caso es que ayer, platicando con C en el messenger [no pongo su nombre porque podría malentenderse que ella también es un insecto y aunque a veces me lo hace creer con sus imágenes photoshopeadas, yo sé que no es así], me diagnosticó como un caso típico de peperepeo [o cosa peor, digamos peperepeo agudo o mutado, que ya es decir bastante]. Pero yo tuve la culpa, por preguntón.

Platiqué con C alrededor de tres horas, a ratitos. Cuando regresé a mi compu, a las 7 de la tarde, ya se había ido. Dejé la ventana del messenger abierta y continué mis actividades y ya como a las 9 de la noche sólo puse a hibernar la lap y me fui con unos amigos.

Ya en la madrugada, hace un rato, en mi casa, he prendido la compu nuevamente para terminar unos pendientes y apagar correctamente mi sesión. Es entonces que veo la ventana de la charla con C y releo esa plática. Ahora me muero de risa y de vergüenza por todo lo que ahí dije.

¡Mira que ser un peperepo no tiene nada de orgullo, valdría más ser mosca monterrosiana!, pero ante tamaña evidencia no se puede hacer mucho, es como cuando eres niño [o adulto, que es peor] y todo mundo te descubre probando el merengue del pastel con un dedo: ¿cómo dices que no lo hiciste? Ahora cómo niego al peperepo que soy.

C tenía escrito junto a su nick del messenger que recién se había salvado de peperepear gracias a un amigo suyo. Y en eso, el bocotas de Carlos llega y le pregunta ingenuamente “¿y qué es peperepear?”

Como aquí tengo abierta toda la conversación con C, voy a reproducir el fatídico descubrimiento-revelación de la cosa que soy. Lo relato y apago la compu, porque ahora sí ya me tengo que ir a dormir [van a dar las 4 de la mañana].


----------
Yo: C, ¿qué es peperepear?
C: pon tu barbilla un poco hacia arriba... mira al frente... comienza a mirar de izquierda a derecha...
Yo: ja, ay ídola, las cosas que me haces hacer
C: hazlo un poco más rápido... como si estuvieras perdido... eso... eso es peperepear... agrégale que tengas tiempo limitado... y en vez de hacer lo que tienes que hacer... peperepées
Yo: ah, no recuerdo haber hecho eso antes
C: es que eres muy listo... eso sólo lo hacemos seres limitados... neto... cuando lo haces más de una vez a la semana es de preocuparse
Yo: sospecho que no entendí bien... ¿es algo así como el oso Yogui?
C: peperepear... es babosear... pendejear... mirar de un lado a otro y no saber qué hacer... y siempre peperepea uno en el momento menos indicado... el caso es que habemos personas que físicamente lo hacemos notorio... digo, todos nos equivocamos... pero habemos a quienes se nos nota a leguas cuando andamos en la lela
Yo: yap, ¿y quién fue el famoso Peperepo que le dio su nombre?
C: esa es buena pregunta... hace tiempo que mi prima y yo hablamos de peperepear... pero no recuerdo el fundamento grecolatino de nuestro término
Yo: a mi me pasa que luego voy a algún lado y a mitad del camino olvido a dónde, entonces me regreso y ya en la regresada me acuerdo y voy de vuelta... ¿eso es?
C: sí!!!!!... sólo que tú no lo haces con los ojos... sino con las piernas
Yo: ¡¡¡mira!!!... oops... chispas, y a mi sí me pasa eso más de una vez a la semana
C:
<---- peperepeo clásico
Yo: ahhhh... yo debí llamarme Peperepo... pero no se lo digas a nadie... no me gusta mucho el nombrecito
C: todos tenemos meses malos... en los que acumulamos más de 4... sólo que hay quienes tienen toda una vida mala y ayudan a que los que tenemos sólo meses pasemos como más listos
Yo: ¿y cómo se le llama cuando siempre que hay así como desniveles en el piso siempre terminas cayendo en uno, aún cuando sabes que está ahí, pero siempre lo olvidas?
C: perder el piso
Yo: y no es gracioso cuando pasa, eh...
C: yo siempre me tropiezo... dice mi hermano que he hecho del tropiezo un estilo al andar
Yo: también debería haber un personaje famoso, como Peperepo, para ese mal... yo soy despistado, torpe y olvidadizo... [pero buena persona]... una vez fui a la escuela con zapatos diferentes...
C:
Yo: y en otra ocasión me preocupé por meter todo en la mochila, hasta el control de la tele... y olvidé un libro que sí debí llevar
C: la mejor que tengo es esta... estaba buscando dónde hacer el servicio social... fui al Banco de México... me hicieron exámenes y los pasé todos... me llamaron y me dijeron que estaban interesados en mi trabajo para un puesto y no para el servicio... que si estaba interesada, me harían una entrevista... el día 9 a las 12 hrs... yo llegué el día 12 a las 9!!!!!!!!!!!!!!!... forget el trabajo en BM
Yo: jaja, eso no me ha pasado... pero mira esto, lo mejor es cuando llego con alguien a ver una peli al cine, y como 3 minutos antes de que termine me acuerdo que ya la había visto, y lo peor es que tengo el infortunio de decirlo en voz alta y se entera todo mundo... o esta otra, cuando tengo que ir a algún lugar de la ciudad mi mente se bloquea y no sé cuál es la mejor ruta para llegar, y ya que estoy a una cuadra o dos, recuerdo que alguna vez pasé por ahí y que sí había más de dos formas mejores de llegar, en lugar de como llegué... chales, soy patético
C: yo tengo otra... ¿haz tenido 3 libros del mismo?... yo sí
Yo: ah, sí... o cuando estoy leyendo un libro y después de 10 minutos me doy cuenta que no sé qué diablos decía el maldito párrafo anterior... o la página
C: ah, eso de no saber... siempre me pasa!!!... me distraigo con nada
Yo: sip, pero tu vista sigue juntando letras y palabras y frases... que ya en serio quién sabe qué quieren decir
C: jaja... bueno... el caso es que sí sabes peperepear
Yo: cómo crees, todo eso le pasó al hermano de un amigo
C: te creo
--------------

miércoles, febrero 28, 2007

Por aquí sigo

Sólo para que haya una entradita en el blog de febrero (porque ya se acaba el mes en unas horas).

Sí ha habido cosas para contar, pero poco tiempo para hacerlo.

A ver si mañana o pasado escribo con más calma.

Entre las cosas de este mes que quería contar y no pude (bueno, de las que me acuerdo):

-Cada vez me gusta más Polka Madre
-Leo un libro sobre Teoría de Elección Racional (y hasta orita si le entiendo)
-Sigo escribiendo notitas financieras underground
-El viaje a Rusia (que sí, que no, que quién sabe, se me hace que ya no)
-Me compré una camarita (por aquello de la gira artística, al parecer malograda)
-Abrí una paginita de esas de fotitos (así que pasen a saludar: http://www.fotolog.com/carlosoramirez/)

Ya. Que no se diga que en febrero no me reporté

miércoles, octubre 04, 2006

El chileno otra vez, el pesado tren y el café de viejitos de Bucareli

Hoy no debería estar triste, pero estoy triste.

Ni la música entra en mis oídos, ni el trabajo atrasado me obliga a no pensar en mí, en lo que pasa, en lo que sigue pasando y no termina de pasar.

Como las vías de un tren, que presienten los vagones antes de que siquiera se acerquen, los resisten a su paso y aún cuando han terminado de cruzar por encima suyo, siguen temblando pero resistiendo. En mi caso, el tren está a mitad de paso y no termina de estar encima mío.

Pero hoy no había razón para entristecerse. En la mañana no estaba así. Ni ayer, siquiera.

Fue así, de repente, me empecé a sentir gris nublado. Puse música: rock, punk y surf, pero nada, hoy no la soporto.

Resulta que ando leyendo a Roberto Bolaño, nuevamente. Muy entretenidos sus cuentos de “Putas Asesinas”, con varias frases estupendas. Ayer pensaba en escribir en el blog sobre esas frases, pensaba que así podría actualizar el blog por una parte y por la otra escribir algo impersonal. Además, ayer no andaba ni triste ni desanimado.

Hoy, por hacer algo, volví a buscar a Bolaño en internet. Leí un textito de
Juan Villoro y otro de su amigo Antoni García Porta: “Ha muerto un amigo. Para ustedes ha muerto uno de los grandes de la literatura, pero para mí se ha ido uno de los mejores amigos que he tenido. Un amigo de cafés, de tés y de cigarrillos, de ratos muertos, de silencios y de largas conversaciones, de sobreentendidos y de llamadas telefónicas”.

En realidad este último párrafo fue el que terminó de entristecerme. Ya lo había dicho antes, a Bolaño no lo conocí antes de su muerte, hace unos tres años, pero es como si sí lo hubiera conocido y como si apenas el día de hoy me hubiera enterado de su muerte y sintiera su ausencia con mucho pesar.

Tengo ganas de ir al café “La Habana”, del que tanto habla en el libro que leo. Curioso, nunca frecuente realmente ese lugar. En la secu, ya había oído hablar de él, que iban puros escritores y que era muy buen café el de ahí. En la prepa ya pude visitarlo, pero no vi realmente a nadie conocido.

El café sí era bueno, pero había puro viejito y a los 18 años no muchas amistades se sentían a gusto en un lugar así, por eso iba solo la mayoría de las veces. Me tomaba un capuchino y estaba atento de la gente que entraba y salía. No me gustaba ir por la noche, más que nada por la zona, así que llegaba entre las 5 y las 6, me quedaba una hora cuando mucho y luego me iba caminando a la colonia Roma, que sí me parecía más nocturna.

Aún ahora llego a ir a caminar a la Roma, de vez en cuando, pero a Bucareli no. Iré un día de estos, a ver qué pasa. Capaz que los viejitos ya no me parecen tan viejitos y a lo mejor ahora sí me encuentro a algún conocido. A Bolaño ya no, ni modos.

domingo, julio 30, 2006

Un poema de Szymborska

Nada, sólo que encontré de casualidad un poemita que tenía guardado de la poeta polaca Wislawa Szymborska.

Resulta que hace unos años el FCE publicó un libro de ella, creo que era una antología.

El caso es que yo pasaba por la librería de Miguel Ángel de Quevedo (eran de esos días en que me la vivía en Chimalistac) y me dieron un folletín que invitaba a la presentación. Tenía un poema y cuando lo leí me gustó mucho. No pude comprar el libro, ni entonces ni nunca. Resulta que siempre que me acuerdo de ella olvido cómo se escribe su nombre y por más que busco libro por libro nunca la encuentro. Ahora creo que el libro está agotado y no se conoce mucho de su obra en México.

No creo contribuir mucho a su difusión con este post, pero creo que vale la pena que la lean. Por cierto, si alguien quiere hacerme un regalo, un libro de ella sería genial... jeje.

-------
Alabanza a mi hermana

Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.

En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y su café no se derrama sobre manuscritos.

En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.

Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva
nos contará todo,
todo,
todo.


(1976)
Traducción de Oscar Aguilera F. © 1996

miércoles, abril 12, 2006

Otro Foco Rojo Somos Nosotros, Los Locos Flojos

En el desierto en que trabajo, es gratificante cuando alguien habla de algo interesante. No sucede mucho, pero a veces pasa. Esta semana, alguien mencionó a Óscar de la Borbolla y creí haber escuchado mal, pero no, el autor de "Las Vocales Malditas" es conocido también por gente ajena a las clases de Literatura y Filosofía. Qué bueno.

Por lo pronto, oir el nombre de este escritor, me recordó su cuento de las oes:

–––––––––––––
Los Locos Somos Otro Cosmos

Otto colocó los shocks. Rodolfo mostró los ojos con horror: dos globos rojos, torvos, con poco fósforo como bolsos fofos; combó los hombros, sollozó: “No doctor, no… loco no…”

Sor Socorro lo frotó con yodo: “Pon flojos los codos -rogó-, ponlos como yo. Nosotros no somos ogros”. Sor Flor tomó los mohosos polos color corcho ocroso; con gozo comprobó los shokcs con los focos: los tronó, brotó polvo con ozono.

Rodolfo oró, lloró con dolor: “No doctor Otto, shokcs no…”. Sor Socorro con monótono rostro colocó los pomos: ocho con formol, dos con bromo, otros con cloro. Rodolfo los nombró “doctos”, “colosos”, con dolorosos tonos los honró. Como no los colmó, los provocó: “Son sólo orcos, zorros, lobos. ¡Monos roñosos!”

Sor Flor, con frondoso dorso, lo tomó por los hombros; Sor Socorro lo coronó como robot con hosco gorro con plomos.

Rodolfo con fogoso horror dobló los codos, forzó todos los poros, chocó con los pomos, los volcó; soltó tosco trompón, Sor Socorro rodó como tronco.

“¡Pronto, doctor Otto! -convocó Sor Flor- ¡Pronto con cloroformo! ¡Yo lo cojo…!”

Rodolfo, lloroso con mocos, los confrontó como toro bronco; tomó rojo pomo, gordo como porrón. Sor Flor sonó como gong, rodó como trompo, zozobró.

Otto, solo con Rodolfo, rogó como follón, rogó con dolo: “Rodolfo…don Rodolfo, yo lo conozco…como doctor no gozo con los shocks; son lo forzoso. Los propongo con hondo dolor…Yo lloro por todos los locos, con shocks los compongo…”

-No, doctor. No -sopló ronco Rodolfo-. Los shocks no son modos. Los locos no somos pollos. Los shocks son como hornos, son potros con motor, sonoros como coros o como cornos… No, doctor Otto, los shocks no son forzosos, son solo poco costosos, son lo cómodo, lo no moroso, lo pronto… Doctor, los locos somos sólo otro cosmos, con otros otoños, con otro sol. No somos lo morboso; sólo somos otros. Lo otro, lo no ortodoxo. Otro horóscopo nos tocó, otro polvo nos formó los ojos, como formó los olmos o los osos o los chopos o los hongos. Todos somos colonos, sólo colonos.

Nosotros somos los locos, otros son loros, otros topos o zoólogos o, como vosotros, ontólogos. Yo no los compongo con shocks, no los troncho, no los rompo, no los normo…

Rodolfo monologó con honroso modo: probó, comprobó, cómo los locos son otros.

Otto, sordo como todo ortodoxo, no lo oyó, lo tomó por tonto; trocó todos los pros, los borró; sólo lo soportó por follón, obró con dolo, Rodolfo no lo notó. Otto rondó los pomos, tomó dos con cloroformo, como molotovs los botó. Rodolfo con los ojos rotos mostró los rojos hombros; notó poco dolor, borrosos los contornos, gordos los codos; flotó. Con horroroso torzón rodó con hondo sopor.

Rodolfo soñó, soñó con rocs, con blondos gnomos, con pomposos tronos, con pozos con oro, con foros boscosos con olorosos lotos. Todo lo tocó: los olmos con cocos, los conos con oporto rojo, los bongós con tonos como Fox Trot.

Otto lo forró con tosco cordón, lo sofocó. Rodolfo sólo roncó. Sor Socorro tornó con poco color. Sor Flor con bochorno tomó ron: “Oh, doctor -lloró-, oh, oh, nos dobló con sonoro trompón”. Otto contó cómo lo controló.

-Otto, pospón los shocks -rogó Sor Socorro.

-No, no los pospongo. Loco o no yo lo jodo. No soporto los rollos… Pronto, ponlo con gorro.

-¿Cómo, doctor -notó Sor Flor-, ocho volts?

No, no sólo ocho. ¡Todos los volts !Yo no sólo drogo, yo domo… Lo domo o lo corrompo como bonzo.

-¡Oh no, doctor Otto!, como bonzo no.

-¡Cómo no, Sor Socorro! Nosotros no somos tórtolos o mocosos; somos los doctos… ¡Ojo, sor Socorro! No soporto los complots…

Otto con morbo soltó todos los volts, los prolongó con gozo. Sor Socorro con sonrojo sollozó. Sor Flor oró por Rodolfo. Rodolfo roló como mono, tronó como mosco.

Otto lo nombró: “Don gorgojo”, “loco roñoso”, “golfo”. Rodolfo zozobró con sonso momo. Otto cortó los shocks.

Óscar de la Borbolla

lunes, marzo 06, 2006

Yo Nunca Llevo La Contraria

Yo Nunca Llevo La Contraria


“Nunca es tarde para leer un libro”. Eso no es cierto. O no lo es siempre o no lo es del todo, por lo menos.

De Regreso en la Feria
Ayer fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería. Hace por lo menos cinco años que no me paraba por ahí, porque a menudo es más barato comprar libros de rebaja en una librería, que comprarlos en una feria. Llegué a comprobar que un libro del Fondo de Cultura Económica o de la misma UNAM estaba más caro en la feria que en alguna sucursal de esas librerías, además de que en ellas se podía obtener algún descuento con credencial de estudiante.

En fin, no quisiera denostar a la Feria, pero esa fue una de las razones por las que dejé de comprar en ella y después de ir. Claro, había muchas otras ventajas, como encontrar títulos difíciles de conseguir, ediciones extranjeras o de otros estados de la República, con suerte esos sí con alguna rebaja. También, claro, las conferencias, encontrar a escritores husmeando entre los stands, etcétera.

En el 92 o 93, no recuerdo exactamente, Edmundo Valadés esperaba afuera de la Excapilla, donde daría una conferencia. Fue hacía una máquina de refrescos, pero no llevaba cambio. Yo estaba a su lado, saqué unas monedas y le pregunté qué refresco quería. Luego, nos quedamos platicando como media hora, empezó la conferencia y al final no me pude despedir de él, porque lo abrumaron pidiéndole autógrafos.

También me tocó ver –y escuchar– a Eliseo Diego, días antes de su muerte. “Les dejo el tiempo, todo el tiempo”, dijo en esa ocasión y a los pocos días moría antes de regresar a Cuba.

Ayer también, en las pocas horas que estuve, vi pasar a Eraclio Zepeda y Elva Macías; Ignacio Trejo Fuentes parecía esperar a alguien frente a la editorial Océano –en realidad me pareció como si quisiera que alguien lo reconociera y le preguntara “¿es usted escritor, verdad?”, pero me niego a pensar cosa parecida, aunque hace más de diez años que no sabía de él; quizá ya se sienta famoso (o quizá ya lo sea y en mi ignorancia yo no me haya dado cuenta)–.

Bolaño, Por Fin
Siempre quise leer a Roberto Bolaño. Digo, «siempre» después de que supe de él, porque por supuesto no lo conocía hasta que murió, lo cual no es un orgullo, pero es la verdad. Teresa, mi compañera reportera –a quién tanto extraño–, leía todas las mañanas todos los periódicos y un día me preguntó si lo conocía. Obvio dije que no, ni idea de quién era. Se encargó de decírmelo: uno de los más importantes escritores latinoamericanos, que vivió en México hacía 20 años antes y que aparentemente siempre se mantuvo fuera de grupos y corrientes literarias.

Los días y semanas siguientes fueron saliendo más y más datos de Bolaño en periódicos y revistas. Ahora resultaba que tenía muchos amigos y que efectivamente apenas empezaba a conocerse o a reconocerse su talento.

Nunca lo leí. Bueno, llegué a leer fragmentos de cuentos y algunas entrevistas en internet. Lo que más me interesó fueron las entrevistas, su forma de responder; casi creía escuchar su voz, reconocer su acento sudamericano y distinguir las muecas de su rostro al responder con desparpajo y casi con desdén, pero divertido, las preguntas de sus entrevistadores.

“Bolaño”, caray, nunca había oído de él, pero estaba seguro que si lo hubiera hecho me hubiera propuesto y conseguido conocerlo, para confirmar si hablaba como yo lo imaginaba, si efectivamente parecía personaje de Woody Allen y si, como pensaba, se burlaba de todo y de todos, porque al final nada era importante. Un tipo así ¡claro que me hubiera gustado conocer!, de ser posible topármelo en una feria de libros e invitarle una coca cola, para hacer plática y ahora contar que lo conocí y no que apenas voy a leerlo.

Creí que era argentino, no chileno, como ahora leo en la contraportada del libro que, por fin, pude comprar ayer. Sus obras, en Anagrama, son carísimas, o así me lo parecían porque en realidad los libros en general ya son carísimo y los libros de Anagrama lo son un poco más. «2666», por ejemplo, cuesta más de 500 pesos.

En Buenos Aires pregunté por él –aún pensaba que era argentino–, en la librería Gandhi de la avenida Corrientes –que no es, pero sí es, como la Gandhi mexicana–. Hasta en Buenos Aires los libros son carísimos, al menos los extranjeros, y preferí traerme otros dos textos de Filosofía, más accesibles para mi presupuesto.

Ayer en la Feria me topé nuevamente con Bolaño, pero ahora sí no quise salir sin él. No podía regresar a la Feria de Minería después de tantos años y no comprar nada, y no podía ver un libro de Bolaño por fin a mi alcance y no llevarlo. De hecho, salí con dos: «Entre Paréntesis», que reúne textos dispersos entre 1998 y 2003 y «Para Roberto Bolaño», una especie de “oportuno” homenaje de Jorge Herralde, que da pistas biográficas sobre el escritor chileno.

No me alcanzó otra vez para traerme «2666», ni «Los Detectives Salvajes», supuestamente lo mejor que escribió, pero ya empecé a leer «Entre Paréntesis» y cada vez me arrepiento más de no haberlo leído ni conocido antes. Me hubiera divertido mucho haciéndole preguntas y recibiendo sus respuestas tan ingeniosas como inesperadas.

Bolaño De Oídas, De Leídas
Transcribo enseguida algunas de sus respuestas a una entrevista para la revista «Playboy», aparentemente la última o una de las últimas que concedió, ya muy enfermo, pero aún con humor y desencanto frente a lo convencional:

“–¿Qué es la patria para usted?
–(…) algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mi y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.
(…)
–¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?
–Yo nunca llevo la contraria.
(…)
–(De conocerlo, ¿qué le hubiera dicho) a Vicente Huidobro?
–Huidobro me aburre un poco. (…) demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.
(…)
–¿Ha vertido alguna lágrima por las numerosas críticas que recibe por parte de sus enemigos?
–Muchísimas. Cada vez que leo que alguien habla mal de mi me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y le pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, por qué yo, por qué yo que ningún mal les he hecho.
(…)
–¿Ha robado algún libro que luego no le gustó?
–Nunca. Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito.
(…)
–¿Ha sufrido mucho por amor?
–La primera vez, mucho, después aprendí a tomarme las cosas con algo más de humor.
–¿Y por odio?
–Aunque suene un poco pretencioso, nunca he odiado a nadie. Al menos estoy seguro de ser incapaz de un odio sostenido. Y si el odio no es sostenido, no es odio, ¿no?
(…)
–¿Qué cosas lo han enojado?
–A estas alturas, enojarse es perder el tiempo.
(…)
–¿Qué cosas lo aburren?
–El discurso vacío de la izquierda. El discurso vacío de la derecha ya lo doy por sentado.
(…)
–¿No le sacaría páginas a «Los Detectives Salvajes»?
–No. Para sacarle páginas tendría que releerlo y eso mi religión me lo prohíbe.
(…)
–¿De quién (…) escucha consejos?
–Yo no escucho consejos de nadie, ni siquiera de mi médico. Yo doy consejos a diestra y siniestra, pero no escucho ninguno.
(…)
–¿El mundo tiene remedio?
–El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio y ésa es nuestra suerte.”



Fénix 36

jueves, diciembre 22, 2005

Tres Borges, Dos Poemas, Uno Apócrifo

Tres Borges, Dos Poemas, Uno Apócrifo


Por supuesto, Borges es una de esas personas que hubiera deseado conocer o por lo menos ver pasar de lejos, como cuando solía llegar temprano a la Biblioteca México sólo para ver llegar a Jaime García Terrés y después leer alguno de sus poemas. Saber que acababa de pasar junto a mí resultaba emocionante, aunque nunca hubiese conversado con él.

Borges el personaje es lo único que está a la mano: el mito del hombre inteligente, lector incansable a pesar de la ceguera, Borges el memorioso, el culto conversador tímido...

Al pensar en Borges recuerdo dos poemas suyos; mejor dicho, recuerdo haberlos leído y recuerdo de qué trataban, pero no el título o dónde encontrarlos de nuevo.

Busco en internet: “Borges+rosa”. El primer poema que recuerdo habla de una rosa. Es un poema “culto” o “racional” que sólo Borges pudo escribir. Descubro que existe un poema titulado “La Rosa” que no es el que buscaba. El que recuerdo resulta que se llama “El Golem” y así empieza:

El Golem
Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.


Supongo que tiene que ver con cuestiones de fenomenología y misticismo y ahora que lo releo completo entiendo que hay alguna conexión con “El Nombre de la Rosa” y, no sé por qué, me remite también a “Pi, El Orden Del Caos”, de Aronofsky, supongo que por el tema de los judíos. Ya averiguaré más de esto en otra ocasión.

El otro poema siempre me pareció curioso, porque no suena a Borges, pero saberlo de él parece más inquietante que si fuera de alguien más. Busco nuevamente: “Borges+si tuviera”. Tampoco recuerdo el título, pero habla acerca de lo que haría Borges viejo si volviera a vivir.

¡Qué cosas! Resulta que el tal poema efectivamente no está comprobado que sea de Borges. Encontré un buen ensayo al respecto: “
Jorge Luis Borges, autor del poema 'Instantes'”. Por lo que entiendo, hay diversas inexactitudes, como el hecho de que en una entrevista es mencionado el poema, siendo que no tenía la edad que revela el texto en uno de sus últimos versos.

Es cierto que el poema pudo ser corregido y que a fin de cuentas en literatura no valen las verdades científicas ni las certezas históricas, pero además de esto y de algunas inconsistencias gramaticales del texto, impropias en Borges, lo más extraño es precisamente el tema del poema, hablar de una especie de arrepentimiento, de desear un Borges diferente, otro Borges, negar al personaje y al mito.

No obstante, estas características fueron las que me llevaron a recordar el poema, la carga moral surtió efecto, debo reconocerlo. He aquí el poema:

Instantes
Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.


Si toda la poesía de Borges fuese filosofía, ese poema en cambio es hasta cierto punto moral –o antimoral–: “vivan como yo no viví” o “no vivan como yo viví”, parece decirnos este otro Borges; ni siquiera tiene nada que ver con su antipersonaje de “Borges y Yo”, que qué bueno, encontré también por casualidad, aunque no fuese un texto que buscara:


Borges y Yo
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren preservar su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.



El poema apócrifo, según leo, apareció en la revista “Plural” en 1989 y además ha sido traducido y publicado en diferentes colecciones de poemas de Borges por investigadores especializados en su literatura. Como yo no sé mucho de literatura y además tampoco puedo decir quién sí lo escribió, seguiré pensando que ese poema es del mismo Borges. Total, para mí los dos o los tres son el mismo, ya que a ninguno conocí.

Y todo esto –Borges–, nomás porque la semana que entra conoceré su Buenos Aires. Estar allá será estar más cerca de Borges. Qué bueno.